Un escritor entre trolls

En su blog, Neil Gaiman tiene la costumbre de contestar una selección de preguntas que llegan a su correo. En la entrada de ayer, daba una respuesta que no me he podido resistir a traducir, sobre todo pensando en todos aquellos que se resisten a publicar sus escritos en la web debido a que se sienten intimidados ante la posibilidad de reacciones desmesuradamente hostiles (vamos, lo comúnmente conocemos como trolls).

De aquí para abajo, va la traducción. Mil perdones por los seguros errores que cometeré:

Querido Neil:

Estoy seguro de que recibes toneladas de correos agradables de mucha gente alrededor del mundo. ¿Cuánto correo desagradable recibes? ¿Y te hace sentir mal? Si lo hace, ¿cómo lidias con ello? Soy un escritor principiante y acabo de recibir mi primer correo desagradable, en el cual la autora decía que sentía un odio absoluto [absolute “hate crush”, no sé como traducirlo] hacia mí. Me consolé con pastel y vino, pero sus efectos fueron predeciblemente efímeros.

Gracias,

C.B.


Hay gente medio loca por ahí, y el relativo anonimato de Internet significa que siempre habrá quienes se glorificarán en su habilidad de hacer online el equivalente a meter una rata muerta en tu buzón y salir corriendo. Sólo tienes que prestar atención y te darás cuenta de que

a) Están un poco locos.

b) Son muy pocos en número.

c) Tan solo es Internet.

Tengo más de diez mil mensajes por medio del [formulario de las] FAQ en este sitio cada año. Muchos de ellos no son publicados porque la mayoría son personas diciendo, de diferentes maneras, gracias. Aparte de esos diez mil, recibo un puñado, una docena o así, que son extraños, venenosos, raros o locos (de un número claramente menor de personas que de correos electrónicos). Muchos son filtrados antes de llegar hasta mí. Y los que me llegan, normalmente me dejan con una extraña, alegre sensación de que tengo que estar haciendo algo bien si hay que a la que no le gusto. Me fascina cuanto más se molestan cuando recibo un premio grande o algo bueno me pasa.

(En Twitter, he aprendido muy rápido que cualquier persona que publica algo desagradable, a la que se le da una segunda oportunidad, entonces publicara algo REALMENTE desagradable. Así que he aprendido a bloquear a los que ofenden por primera vez sin ningún problema con mi conciencia).

Mi consejo sería que hagas con esos correos lo que Kingsley Amis decía que hacía con las malas críticas: las dejaba estropearle el desayuno, pero no dejaba que echaran a perder su almuerzo. Deja que los efectos de esa gente espeluznante sean también fugaces. Y continúa escribiendo, y sigue haciéndolo bien, porque parece que eso realmente los irrita.

En cierta forma, sería fácil encararle a Neil y decirle “Claro, tú ya tienes tu prestigio”. Para alguien que comienza, es un puñetazo en el estómago recibir ese tipo de correos o de comentarios, sin importar que sean o no en público: un comentario lo puedes borrar, pero el efecto permanece.

Sin embargo, tiene toda la razón. Principalmente porque, según terminas constatando al poco tiempo de estar en la red, “hay gente pa’ to’”. Habrá a quienes no les guste lo que escribas y otros que lo adorarán, ambos peligrosamente con el mismo fundamento. Entre aquellos a los que no les gustan tus textos, deberías preocuparte más de precisamente los que no dicen nada que de los que lo dicen de manera demasiado brusca y hasta insultante.

Se dice que a los trolls no hay que alimentarlos, pero si dejas de escribir por su causa, terminas dándoles un banquete. Como se suele decir por estas tierras por las que ando: “al bagazo, poco caso”.

Imagen original de kevindoodley.


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