Remembranza emocional por los 75 años de Batman

He de decir que este texto lo empecé a escribir antes de enterarme de que en este año el hombre murciélago cumplía 75 añazos, que se dice pronto. Sin embargo, una vez que fui consciente de la efeméride, no me he podido resistir en convertirlo en mi particular homenaje a uno de mis personajes favoritos. Eso sí: nada de análisis, que doctores tiene el mundillo. Me voy más por el lado emocional

Dentro de ese microcosmos que es el cómic de superhéroes norteamericano, me siento afortunado de haber vivido la que se puede considerar, o al menos yo la considero así, como la verdadera edad de oro: finales de los 80. En un corto periodo de tiempo, surgieron una cantidad de obras que a los adolescentes de aquellos tiempos nos cambiaron completamente la perspectiva no solamente de lo que era el cómic de superhéroes, sino del cómic en general.

En el mismo año (86 en EEUU, 87 en España), surgieron dos obras que fueron una bofetada en nuestros rostros llenos de acné: Watchmen y The Dark Knight Returns. De Watchmen, no diré nada ahora, salvo que al mencionar ese nombre suelo hacer genuflexiones. Y no diré nada porque ahora me apetece hablar de la obra de Frank Miller, que para algo Bats ha cumplido 75 tacos.

[adrotate banner=»2″]Un Miller en estado de gracia. Un estado que se prolongó para hacer otros dos comics (Batman: año uno y Daredevil: Born Again) por las que ya podía retirarse (algo que, salvando Sin City, prácticamente hizo, y no lo digo tanto por la falta de obra).

Decía antes que me siento afortunado de haber vivido esa época. Y es cierto. El Dark Knight, como recuerdo que se le conocía entonces, tardó en llegar a España un año. Un año en el que la Editorial Zinco se había puesto las pilas para recuperar la publicación de DC en nuestro país, que entonces estaba dominada por Marvel (de mano de Forum).

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Recuerdo que a Miller ya le conocía yo por su etapa en Daredevil. Si alguna viñeta me produjo en su momento congoja, detrás de la de la muerte de Jean Grey (amor platónico donde los haya), fue aquella en la que Bullseye atravesaba a Elektra con un sai. Por lo tanto, que aquel autor hiciera aparición con una obra de un Batman crepuscular llamó mucho más que mi atención.

Lo recuerdo como si fuese hoy. Compré los dos números uno a la vez: el de Watchmen y el del Dark Knight. Visto con el tiempo, creo que aquello fue como una sobredosis. Ambos comics mostraban a los superhéroes como nunca los había visto hasta el momento. Tal fue su impacto en mí, que hasta hoy mismo cierto ángulo de luz o cierto ambiente en el aire es capaz de retrotraerme a aquel día en que los compré.

En el mundo de hoy, el de la inmediatez, a lo mejor se hace un poco difícil comprender la sensación de esperar un mes para poder continuar con la lectura de lo que a todas luces era una obra maestra. De hecho, mirando atrás yo soy el primero en preguntarme de donde cojones saqué aquella paciencia. Pero eso me dura un minuto. Entonces, me acuerdo de la satisfacción que me embriagaba al terminar cada número. Y es que lo que pensabas no era “¡Quiero seguir leyendo!”, sino “¡Wow! ¡Y todavía hay más!”. Esperabas porque no tenías más remedio que esperar. Pero te regocijabas en esa espera.

Todavía conservo los cuatro volumenes en formato prestigio (y que cuando salieron tenían el nombre de “Dark knight”) publicados por Zinco. Sé que han salido ediciones mucho mejores, con mejor papel y con información ampliada. A algunas de esas ediciones he tenido la oportunidad de echarles un ojo y son fantásticas. Pero la verdad es que me siento reacio a hacerme con ninguna de ellas. Para mí, en el fondo, la única edición que existe es la que tengo. No necesito otra porque cuando la leo, no solamente revivo una de las mejores historias que se han contado sobre el hombre murciélago, sino que también revivo aquella época en que la compre y, durante unas horas, vuelvo a tener quince años.

Y eso es algo que no puede conseguir ni siquiera la edición más “absolute”.

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Categorías: Cómic

1 comentario

Palabras prohibidas por motivos técnicos - Iván Lasso · septiembre 30, 2017 a las 12:24 pm

[…] David Hernando en su libro «Batman serenata nocturna», una de las historias de Bill Finger para el señor de la noche fue la causa (parcial, seguramente) de que en la DC de la época creasen un libro de […]

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