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Muchas empresas centran su estrategia digital en desarrollar fantabulosas (es un decir no exento de ironía) páginas en Facebook y alimentar cuentas de Twitter como quien le da de comer a las palomas del parque, dejando de lado su propio sitio y, sobre todo, su blog (en el caso de que lo haya). Y es por ello que no está de más insistir en que esa es una estrategia errónea.

Siempre he visto a las redes sociales (sí, metiendo a Twitter en el mismo saco) como un excelente complemento para cualquier actividad, no importa del tipo que sea. Y recalco lo de complemento, que no centro. Pero dale y dale: que como la gente está ahí, hay que estar ahí. Vale, que sí. Pero no solamente de cualquier manera, sino que tampoco debe ser el único sitio. Y desde luego, no el principal.

Y es que lo peor de esta práctica facebooktwittera, más allá del error que supone poner tu presencia en manos de terceros con absoluto control sobre ella, es como incita a la replicación de contenidos ajenos y la creación de piezas extremadamente breves que muchas veces carecen de fondo del que rascar. Y esto lo digo a quien me quiera oír y también al espejo, que muchas veces es muy fácil dejarse llevar por el encanto de ser eco.

Es respecto a esto último de lo que habla la entrada de José Alcántara y que vale la pena difundir para ver si alguno que otro empieza a entrar en razón: Tres mentiras que te vendieron como verdades acerca de las «redes sociales». Y aquí un extracto con el que comulgo totalmente:

Repetimos con frecuencia que en la red vales tanto como los valores que tienes y que ofreces. Pero si eso significa algo significa, sobre todo, que en Internet (donde la competencia abunda) sólo lo que produces puede diferenciarte del resto. Eso ha de llevar a las empresas a entender que Content is King (aunque no como Gates lo pensaba) y convertirse en productores de contenido si quieren, de verdad, ser únicas. Pero producir contenidos que sirvan para brindar esa experiencia diferenciada requiere algo más que una cuenta en la última web de moda. Requiere tomar el control de la propia presencia en la red, de forma activa, de forma autónoma… y, ahora sí, de forma auténticamente cercana.

Comprendo que generar contenido propio es algo difícil (aunque no tanto), duro (hasta que le coges el tranquillo) y sobre todo puede ser caro para ciertas empresas pequeñas (aunque depende de como lo enfoques, si no díganselo al tendero digital, todo un ejemplo a seguir). E incluso yo mismo fomento en ocasiones el que no está de más comenzar una presencia en la web siendo únicamente un eco, al menos hasta que haya posibles para aportar algo más (y me refiero a tiempo y capacidad, no solamente a dinero, que ese no es el único recurso). Pero de ahí a que empresas que cuenten con esos posibles cometan el error garrafal de desdeñar el contenido propio elaborado, media un mundo.


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