Cuando me encuentro un texto con el cual me identifico plenamente, la tentación de copiarlo y pegarlo íntegro es muy, pero que muy fuerte. Casi siempre, logro contenerme.

Es lo que me ha pasado con el artículo “El poder de lo que escribes”, escrito Winnie Lim y traducido por Israel Torres, todo en Medium. Pero, a pesar de que estoy de acuerdo en todo lo que se dice en él, la parte final es la que me ha tocado de lleno.

Desde que ando en esto de los blogs, como lector y redactor, me he encontrado en muchas ocasiones con gente que se preguntaba para qué tener un blog, que a quién le iba a interesar lo que escribiese.

De hecho, incluso participé en un podcast sobre el tema:

Mi premisa al respecto ha sido siempre que todo lo que hagas o digas le interesa o puede ser de utilidad para alguien. No importa lo minoritario o insignificante que sea: siempre hay alguien ahí fuera al que le puede beneficiar lo que tú cuentes.

Sin embargo, no faltan ocasiones en las que miro la lista de artículos que he esbozado para escribirlos más tarde y me pregunto: ¿a quién le puede interesar esto? Si es una tontería, si es un ejercicio egocéntrico, si es… Es, por regla general, un pudor mal entendido aderezado con complejos varios.

A veces, tus convicciones se tambalean y tienen que venir de fuera para reforzarlas. Eso es lo que me pasó con el artículo en cuestión. Entre todos los párrafos, dos brillaron con luz propia:

Cuando escribes y compartes, estás poniendo una parte de ti mismo por ahí; lo cual es una oportunidad para crear una conexión asíncrona entre tú y algún extraño virtual. Cuando escribes sobre tus miedos, le haces saber a alguien más que no está solo sintiéndolos. Cuando escribes que has superado algún obstáculo, le das esperanza a alguien allá afuera de que es posible superarlo. Cuando escribes sobre tus victorias, estás haciendo de ti mismo todo un ejemplo… Oye, el cielo es el límite, y a veces es posible alcanzarlo.

Nunca subestimes tus experiencias y conocimientos adquiridos. Puede que lo que tú consideres trivial le saque una sonrisa a alguien que esté teniendo un mal día. Puede que lo que tú supones como algo bien conocido puede ser la información que alguien más precisamente esté buscando. Puede incluso cambiar su vida. Podrías, sin saberlo, inspirar a alguien a cambiar.

Si esto lo unimos a lo que ya publiqué hace un tiempo acerca de mirarse el ombligo en público, por mi parte ya tengo las principales razones por las que tener un blog y por las que debería tenerlo todo hijo de vecino que se sienta empujado a ponerse delante de las teclas y aporrearlas.

Intuyo que hay un post por ahí esperando ser escrito acerca de este tema, por lo que seguro que volveré sobre él. Mientras tanto, aquí dejo estas razones por si le sirven a alguien y, sobre todo, para revisarlas yo mismo en esos momentos en los que la duda te sacude al ponerte frente al teclado.

IMAGEN: Rayi Christian W

Categorías: Blogging

2 comentarios

Enlaces de ayer y hoy (edición nº 19) · diciembre 2, 2014 a las 12:25 pm

[…] tema del que ya he hablado por aquí, pero en el que nunca está de más recrearse: ¿Los expertos son los únicos que deberían […]

Ni para qué ni cuándo: solo pon los puntos · diciembre 16, 2014 a las 9:00 am

[…] esta, le sume otra razón más. Y ahora, no tengo claro si añadir otra o si tan sólo es un efecto […]

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