De nuevo, un post que me entra ganas de copiar letra por letra. Pero (y con mucho esfuerzo) destaco:

Los superhéroes ya no son privativos de los cómics. Es más, los cómics existen ya solamente porque los superhéroes dan el salto, y lo dan económicamente bien, a otros medios. Los superhéroes son iconos de una cultura (o una subcultura) que un día nos perteneció y a la que ya no pertenecemos.

(…)

Como guionista ocasional, me jode un tanto tener que incluir en cada tebeo la peleíta de marras, la justificación al espectáculo, el peaje. Como lector, lo he dicho ya, y lo he dicho siempre, me fastidia mucho más que se hayan nublado las fronteras, que las editoriales sigan sin saber a quién venden su producto, que no sepan siquiera cuál es ese producto, que hoy los personajes sean liberales de izquierda y mañana sean unos fachas redomados, que estén glorificando, sí, actitudes chulescas, desmedidas, patrioteras, donde se insulta al enemigo o se lo deshumaniza. No se aprendió la lección del 11-S, tan dolorosa, y se reforzó esa especie de doctrina Monroe que nos invade desde los años ochenta.

Rafael Marín dixit.

Y sí, todo viene del artículo ese de El Mundo. Y sí, lo reconozco, yo también salté haciendo esa extensión tan manida y odiosa de tomar «superheroes» por «comics», cuando no es así. Pero es que, para algunos, nuestra primera toma de contacto (y la única durante una buena cantidad de tiempo en una época muy influenciable) con el que considero el mejor medio de todos fueron los superhéroes. De manera que la indignación ante un ataque es un acto reflejo.

Pero Rafael tiene razón. Las editoriales, y especialmente las más grandes, han perdido el norte. Lo que cuenta es sacarle el jugo a la franquicia: vender, vender, vender. Antes, al menos, se esforzaban en que hubiera una historia detrás, algunas verdaderas obras maestras del entretenimiento. Ahora, si hay una buena historia, te la fragmentan entre diferentes colecciones de tal manera que terminas maldiciendo al bendito que se le ocurrió el concepto del crossover.

Ahora bien, y como dice también Rafa, el artículo no está bien. Los dos trabajos mencionados al final me parecen muy pobres en cuanto a cifras de encuestados (aunque puedo equivocarme y ser suficientes), pero aún dándolas por buenas, la cita de la autora del primer trabajo dice: «Sin embargo, debemos enseñarles a distanciarse de estas imágenes que proyecta el cine y ayudarles a ver las mentiras que entrañan» (negritas mías). Si hablamos de cómic, pues hablemos de cómic. Si hablamos de cine, pues de cine. Pero no sustentemos afirmaciones sobre el cómic (de superhéroes) con trabajos que toman como referencia el cine.

Por cierto, ¿no parece que la afirmación del titular encajara perfectamente con la tendencia de las dos grandes editoriales USA? Repetir algo que ha sido manoseado hasta casi perder la forma.

Una vez desahogado (tenía que decir algo sobre el artículo), quiero decir algo más acerca de la reacción: vale, muchos de los que nos gusta el cómic hemos saltado de manera instintiva, visceral. La explicación ya la he dicho, pero creo que hay otra razón: nosotros, los lectores, no somos los únicos que asociamos superhéroes y comics. En demasiados entornos, sólo se entiende como cómic los superhéroes. Es todo lo que hay. De manera que en el acto reflejo hay algo de defensa del medio, aunque el estandarte no sea precisamente aquel bajo el cual nos gustaría figurar.

Y por último, añadir que en la reacción también hay algo del fan que llevamos dentro: bastante cabreo tenemos con lo que se dedican a hacer las dos grandes con algunos de nuestros personajes favoritos como para que encima vengan de fuera a reprochar cosas que ya sabemos. No, no es cuestión de que queramos defenderles: lo que queremos es impedir que no seamos nosotros los que les caigamos a hostias.

Categorías: Cómic

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