Hace poco descubrí que soy dos. Claro, eso es lo que dice todo el mundo. Que somos dos, tres, cuatro… Toda una multitud si es necesario. Sin embargo, en este caso es diferente. No se trata de una concepción metafísica, sino de una realidad. Le noto pulsando dentro de mí en estos momentos. Él es el culpable de todas esas pequeñas maldades que realizo en mi vida contra mi mismo.
 
No se trata de una excusa, les aseguro. ¿Por qué debería de ser una excusa cuando el único afectado por sus acciones soy yo mismo? Una vez que le reconocí, poco a poco fui descubriendo más cosas de él, entre ellas la cuestión del peso. Parece que es varios kilos más pesado que yo y utiliza su peso para mover hacia sus intereses, desconocidos por mí hasta el momento, la balanza de las decisiones. Él es culpable, por ejemplo, de que no tienda la cama durante varios días a pesar de que mi estado de ánimo se encuentre en plena forma. De una manera más física, impide también que me levante de la cama cuando suena el despertador. Y eso que pongo todo mi empeño en ello, oigan. También creo que es más bajito que yo. Más de una vez, a pesar de ver frente a mí el quicio de una puerta que me viene pequeña, he estampado mi frente contra ella. Creo que en esos momentos estaba viendo el mundo a través de sus ojos.
 
Y ese es el problema. Nunca me doy cuenta de cuando toma mi lugar. Recién ahora soy consciente de que él es el culpable de que los platos se amontonen en el fregadero, la basura se quede varios días sin ser sacada, el polvo se amontone en las alacenas, etc. Claro, el hecho de decir que soy dos dentro de uno suena como excusa perfecta para la vagancia, pero sepan que no es así, ni mucho menos. Si así fuese, ya lo habría pregonado a los cuatro vientos, a pesar de que me hubiesen mirado con cara rara. Por lo menos hubiese recibido la conmiseración del que necesita un psiquiatra y hubiese pasado de la condición de vago a enfermo. Pero no, sigo mostrándome a los demás como un vago. Y es que, como Tyler Durden, me impide que hable de él.
 
Tampoco creo que se trate de un problema de esquizofrenia. Me considero perfectamente sano al margen de todo lo dicho hasta el momento. Es, sencillamente, que somos dos dentro de uno. Parece como si a la hora de la reencarnación hubiesen andado escasos de cuerpos y nos hubieran dado uno a dos almas. Además, creo que el tipo es un escritor frustrado, porque últimamente su mejor estrategia para impedir que realice esas pequeñas y tediosas pero necesarias tareas diarias es sentarme frente al computador y ponerme a escribir. Pero, ahora que le he descubierto, he comenzado a defenderme. Y que mejor defensa que no dejar que nadie lea lo que escribe. Si él quiere publicar, debe comenzar por dejarme sacar la basura. Chincha.

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