Unas cosas terminan, otras empiezan y otras, simplemente, se renuevan. Por ahora, no puedo dejar de ser críptico, lo siento. Tras un mesecito tan movido como éste que ya agoniza, vienen unos cuantos que no lo van a ser menos, o al menos lo van a ser de otra forma. Vale, vale. Me callo, que para decir esto, ya tengo Twitter, donde, por cierto, estoy más presente que por aquí.

Antes de que esto degenere en un blog demasiado personal (más allá de lo que ya es), mejor me pongo a compartir algunas reflexiones que han salido a raíz de las diferentes cosas con las que uno puede toparse por esta blogosfera de mis entretelas. A todo esto, muy interesante estuvieron los enlaces del domingo pasado de Los sueños de la razón. Muchos de ellos motivan estas líneas (aunque no lo parezca; yo me entiendo). Muy buen trabajo, caramba.

  • Joder: La mayoría de las veces, con que no nos jodan, basta. Nada de ayuda, por favor. Seguro que en más de una ocasión habéis exclamado: «Virgencita, que me quede como estoy». Pues eso. Pero en muchas ocasiones, a lo mejor deberíamos aplicarnos el cuento nosotros, y dejar de echar manos que no nos han pedido. Si queremos ayudar, debemos mostrarnos abiertos a que nos pidan esa ayuda, señalar que estamos ahí si nos necesitan. Y que la otra persona decida, que pida por esa boquita. A lo mejor, nosotros somos de los que, si no jodemos, ya es suficiente.
  • Bocazas: siempre digo que tengo la boca muy grande, y que me meto en embolados de los cuales me es difícil salir. Se trata de un ejercicio del noble deporte de quejarse por nada, de victimizarse. Sin embargo, a veces es mejor abrir la boca, aunque sea para confirmar que se es idiota, que callarse y no parecer nada. No me estoy refiriendo aquí a las declaraciones inoportunas o atrevidas (en ese sentido, creo que hasta me callo demasiado), sino a subirse en barcas con demasiado apresuramiento. Lo mío me ha costado, en especial en salud, pero he hecho multiples descubrimientos. Vamos, que si no te lanzas al agua, no aprendes a nadar. A veces, es mejor no pensárselo dos veces. Otras, sí. El problema es distinguir cuando hay que hacerlo.
  • Lectura: si no lees, no escribes bien. Comprobado. Y no, no vale leer sólo blogs. Hay que leer libros. No importa lo que quieras escribir: el hábito de lectura siempre será una herramienta muy útil y beneficiosa. El mío anda un poco desgastado, pero lo importante es que sigo intentando reactivarlo. Si el vuestro también anda así, no desesperéis: es cuestión de tiempo y, sobre todo, de dar con la lectura adecuada.
  • La muerte: hace poco me enteré de la muerte de un gran amigo mío, una persona que me dio oportunidades y que nunca presumió de habérmelas dado, sino que me las adjudicaba a mí. Su ausencia, aunque no le veía muy a menudo, duele. Pero, y no se como expresar esto, su partida me ha afectado en una cierta manera positiva. Últimamente ando dándole demasiadas vueltas («y en el mismo eje») a esto de la parca, hasta el punto de que me ha causado trastornos. Al menos, su marcha ha servido para ponerme un punto de partida, aunque no sepa muy bien para qué ni hacia donde. Otro día hablaré de este amigo.

Y hasta aquí llego por hoy, que me espera una rutina de ejercicios…

Categorías: Varios

2 comentarios

Eduardo · abril 29, 2008 a las 2:16 am

>ponerme un punto de partida, aunque no sepa muy bien para qué ni hacia donde

¿Y cuándo es que estamos completamente seguros del ‘para qué’ y ‘hacia dónde’?

Exitos!

carlos · mayo 12, 2008 a las 1:19 am

hmm con respecto a escribir bien pues yo escribo bastante mal con el orden de las palabas y las comas y esas cosas y leo mucho, muchisimo la verdad, q sera?? ahoho

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