Quería escribir algo significativo el día de hoy. Pero creo que lo dejaré mejor para mañana. Será más fácil.

Por el momento, me conformo con ponerme una lila en la solapa.

El tachado y la cursiva son míos:

Después de que se cerrara la puerta, uno de los agentes de la Guardia levantó la vista del escritorio donde había estado midiéndose con un informe y con el esfuerzo de escribir, como suelen hacer los policías, lo que tendría que haber pasado.

—¿Sargento?

—¿Sí, cabo Ping?

—¿Por qué llevan algunos de ustedes flores púrpura, sargento?

Se produjo un cambio sutil en la atmósfera, una succión de sonido causada por muchos pares de orejas al escuchar con atención. Todos los agentes de la sala acababan de dejar de escribir.

—Lo digo porque el año pasado por estas fechas vi que usted, Reg y Nobby las llevaban, y me pregunté si tal vez todos tendríamos que…

Ping titubeó. Los ojos normalmente amistosos del sargento Colon se habían fruncido y el mensaje que estaban mandando era: estás pisando una capa fina de hielo, chaval, y ya está empezando a crujir…

—O sea, mi casera tiene un jardín, y no me costaría nada ir a cortar… —continuó Ping, en un intento poco característico de suicidio.

—Te pondrías hoy las lilas, ¿verdad? —dijo Colon en voz baja.

—Solamente quería decir que si usted quisiera yo podría ir a…

—¿Acaso estuviste tú allí? —dijo Colon, poniéndose de pie tan deprisa que se le cayó la silla al suelo.

—Tranquilo, Fred —murmuró Nobby.

—Yo no quería… —empezó a decir Ping—. Esto, ¿si estuve yo dónde, sargento?

Colon se apoyó en el escritorio, poniendo su cara roja y redonda a dos centímetros de la nariz de Ping.

—Si no sabes dónde es allí, es que no estuviste allí —dijo con la misma voz baja. Volvió a erguirse—. Ahora Nobby y yo tenemos trabajo que hacer —continuó—. Descanse, Ping. Nosotros nos vamos.

—Ejem…

Aquel no estaba siendo un buen día para el cabo Ping.

—¿Sí? —dijo Colon.

—Ejem… el reglamento, sargento… Es usted el oficial de rango más alto, ¿sabe?, y yo soy el ordenanza del día, de otra manera no se lo pediría, pero… si va a salir, sargento, tiene que decirme adónde va. Por si alguien se tuviera que poner en contacto con usted, ¿entiende? Lo tengo que apuntar en el libro. Con tinta y todo —añadió.

—¿Sabes qué día es hoy, Ping? —preguntó Colon.

—Ejem… veinticinco de mayo doce de marzo, sargento.

—¿Y sabes qué significa eso, Ping?

—Ejem…

—Significa —dijo Nobby—, que cualquiera que sea lo bastante importante como para preguntar adónde vamos…

—… ya sabe adónde hemos ido —terminó Fred Colon.

Y dieron un portazo al salir.

Terry Pratchett en Ronda de noche

IMAGEN: Vía Fantífica

Categorías: Varios

1 comentario

Enlaces de ayer y hoy (edición nº 37) - Iván Lasso · marzo 15, 2015 a las 12:01 pm

[…] de una aciaga semana. Mientras preparo mi particular homenaje a Tery Pratchett con una serie de artículos, paso […]

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