Twitter debe ser valiente y quizá solo lo sea si lo compran

Twitter debe ser valiente y quizá solo lo sea si lo compran


Tengo la teoría de que Twitter es uno de los pocos servicios indispensables de la red. Es un caso clásico de «si no existiese, habría que inventarlo».

Desde poco después de su nacimiento, Twitter demostró su potencial como el «teletipo» de Internet. Resulta ideal para cuando suceden desastres y emergencias de todo tipo, eventos importantes y noticias de última hora. Esa es su verdadera fortaleza. Para mí, es una herramienta de interés público: tiene un conjunto de características que van más allá de las intrínsecas y que son muy difíciles de replicar (aunque lo haya intentado más de uno). Una de ellas es su alcance, su implantación en la memoria colectiva internetera que hace que, cuando sucede algo, vayamos a Twitter para encontrar más información.

Para mí, que Twitter cerrase sería una pérdida para la sociedad en su conjunto. Una pérdida difícil de reparar. De ahí que preste especial atención a las noticias que suelen aparecer relacionadas con su crecimiento, con su situación actual y con sus perspectivas de futuro. Y todo esto resulta bastante desalentador últimamente.

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Desde hace un tiempo, Twitter está estancado: no hay crecimiento significativo en usuarios activos, las acciones bajan, y de cara al usuario no hay incorporaciones relevantes de nuevas características. Ya lo dije hace unos años (¡unos años!): todo lo que hacen parecen parches y parches sobre otros parches. Bajo mi punto de vista, este precisamente es uno de los factores que provocan el lento crecimiento de la plataforma.

Los rumores de la venta de Twitter a otra gran empresa de Internet llevan sucediéndose desde que su popularidad empezó a crecer. Han sido tan habituales y constantes que a veces parecían buscar ejercer de profecía autocumplida: si lo repetimos muchas veces, tal vez termine por suceder.

El viernes 23 de septiembre, los rumores acerca de la venta de Twitter se acentuaron. Todavía no estoy seguro de que esto sea bueno o malo. Pero si queremos ver cambios en el servicio, parecería que la venta fuese una condición obligatoria. Desde fuera, da la impresión de que Twitter fuese un animal que se ha quedado paralizado en mitad de la carretera frente a los faros del coche que se le viene encima: alguien tiene que venir de fuera para sacarlos del camino y evitar que sean arrollados.

Twitter necesita ser valiente. Tiene que tomar decisiones arriesgadas y alejarse del conservadurismo que lo ha caracterizado en los últimos tiempos sin perder los elementos que forman su identidad: el límite de 140 caracteres y el tiempo real (el cual implica sí o sí la ausencia de un filtro algorítmico a lo Facebook). Pero a la vista de lo que ha ocurrido y lo que no durante los últimos meses (y hasta años), parece que desde dentro de la empresa son incapaces de impulsar esa obligatoria reinvención. La compra por parte de alguien más grande o más atrevido serviría para inyectar los recursos necesarios, tanto económicos como técnicos, para forjar ese coraje imprescindible para capear el temporal que se avecina antes de que se convierta en una tempestad que termine por hundir el barco.

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