Procrastinación. Desde que me dijeron la palabra me encantó. Con su sonido, rinde cuentas de sus efectos perniciosos. Dos erres, las dos en conjunto con otra consonante para cazar a la vocal con la que formar la sílaba. Ese conjunto, esas dos parejas unidas a la longitud de la palabra le dan un fuerza inusitada. No es lo mismo decir que has aplazado o diferido algo, que decir que estás procrastinando. La propia dificultad de pronunciar la palabra indica que lo que estás haciendo, bueno no es.

Procrastinar. El verbo es peor. Todos los infinitivos terminan en erre, pero deberían haberlo prohibido en este caso. ¿Los señores de la academia no se han dado cuenta de que estamos ante un flagrante caso de intoxicación consonantiva?

Procrastinar. ¿Sabes lo que es? Yo no lo sabía cuando me dijeron la palabra por primera vez, pero me sonó tan violenta que las primeras veces que la utilice, la usaba mal: “procastinar”. Quizá quería ignorar el ataque redundante y rasposo de las consonante. Pero no me fue posible. Desde que la conocí, supe que el nombre que tenía que darle a lo que hacía cuando me levantaba del computador para ir a tomar agua, para comprar tabaco, para ver la televisión.

Sí, de una forma u otra, al escribir esto, estoy procrastinando. Yo me entiendo.

Y tú… Si no sabes que es procrastinar, ya lo sabes.

Lo que estás haciendo ahora, mientras lees esto en lugar de escribir algo mucho más interesante. Eso es procrastinar.

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