Una de las características de muchos blogs es la de exponer ante la audiencia las tripas de su profesión, de su proyecto, de su vida… Pues bien, para comenzar esta bitácora voy a seguir esa tendencia y voy a relatar la manera en la que voy a dar con el nombre con el que bautizaré este blog.

Esto, como muchas de las cosas que circulan por la blogosfera, sólo es importante para el autor; es decir, para mí. Y es que tengo un jodido problema a la hora de ponerle nombre a las cosas. Además, como otro de mis defectos es el de abusar de los lugares comunes (pongo a Dios por testigo de que estoy intentando erradicarlo… uy, se me escapó otro), pues termino utilizando nombres más que sobados, que no reflejan ninguna característica peculiar de lo nominado de tal forma. Me pregunto si circulará por ahí un “how-to” acerca de como poner nombres. Me sería de especial utilidad. Aunque fuese un “how-to-not”.

Supongo que primero debería pensar en algo que sea fonéticamente atractivo. A esto hay que añadirle el hecho de que tenga algún significado o referencia (aunque sea de tipo personal), para que me sienta a gusto con él. No ha de ser muy largo ni muy difícil de escribir, o si no dar mi dirección va a ser un calvario (cada vez que mi madre me llama desde España y le tengo que dar una dirección de algunas de las cosillas que tengo en Internet, se van por lo menos diez minutos tan sólo en un correo; mi madre no sabe inglés, y como buena española de su generación – la mía ya es un pelín angloparlante -, escribe como se pronuncia y pronuncia como se escribe).

Si reviso mi historial de nombres, la verdad es que no es como para enorgullecerse por la originalidad:

– Wolbi (una perra boxer que tuve, y a la que bauticé así porque cuando era cachorra su morro me recordaba al de un Wolsgbagen – seguro que no se escribe así-).

– Kirk (un gato; pasaba por una fase trekkie que no me duró mucho).

– Kelly (una gata; me sonaba bien, pero si hubo alguna otra razón, ya la olvidé).

– Deena (la gata que tengo ahora; referencia a Deena Pilgrim, de Powers).

– El mundo (periódico que hice cuando estaba en el colegio; ya se ve que Pedro Jota sufre de lo mismo que yo).

Ciberia (mi cómic de informática; le bauticé temporalmente así y así se quedó, a pesar de ya haber oído hablar del agregador del blogs de ciberpunk)

– Grand’s (un personaje de mi infancia que cree cuando, en lugar de salir a la calle a jugar como cualquier niño normal, me dedicaba a quedarme en mi casa a dibujar historietas de superhéroes en cuadernos de cuadros; ojo, debía tener unos 10 años).

– The max (personaje al que algún día darán vida los dibujos de Ángel de la concepción – otro día diré quién es -, y me dará fama y abundantes réditos en el mundo mundial internacional; claro, que poco después de crearlo vino la serie “The maxx” de Sam Kieth – aunque abusaba de las “x” – y de la que hicieron hasta serie de dibujos animados; pero que conste que a mí se me ocurrió por lo que decía una canción de Prince con el mismo nombre).

¿Verdad que no es como para batir palmas? Pero esta vez no va a ser así. No pienso escoger un nombre del que luego me arrepienta o que me termine gustando tan sólo por el mero efecto de la costumbre de oírlo o leerlo. Voy a escoger uno que me guste desde el principio y que reúna las características mencionadas más arriba. Para empezar, voy a revisar ese cajón de sastre que son los archivos que contienen anotaciones ocasionales de todo tipo.

Y como este post está muy largo (superando las 600 palabras que me saqué de la manga para recomendárselas a mis alumnos a la hora de escribir un post para sus blogs), pues voy a dejar inbautizado este blog. Ea, me aguanto las ganas de champan. Más tarde rompo la botella.

Categorías: Varios

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