Por qué no debemos hacerles ni puto caso a las estadísticas

Por qué no debemos hacerles ni puto caso a las estadísticas


Busca cualquier recopilación de consejos para escribir en la web. Si es medianamente bueno, entre ellos te encontrarás uno tan valioso como real: no estés revisando las estadísticas constantemente.

Se trata de una cuestión de economía emocional. Si revisas los datos de visitas, lecturas, etc. constantemente, no tardarás en encontrarte rodeado de un paisaje deprimente: sí, nadie te hace caso.

Oh, no te estoy hablando a ti, supergurú de las redes sociales, con cientos de miles de seguidores. Ni a ti, superblogger, que cada vez que publicas un artículo pareciera que te hiciesen un DDOS. Te hablo a ti, persona común y corriente, habitante sencillo de la web, que publica de vez en cuando, con cierta constancia y ambición de ser leído. A ti, que tienes unos pocos cientos o un par de miles de seguidores en Twitter o Facebook. A ti, que tratas de escribir cosas interesantes sin seguir los dictados de las modas —tan, pero tan pasajeras en la red— ni recurrir a tácticas cansinas. Te escribo a ti porque soy como tú.

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Y lo que te quiero decir es: ¡deja de mirar las putas estadísticas!

No las hagas ni caso. Por higiene mental, en serio. Ignóralas.

Concéntrate en escribir el mejor contenido, salido de tus tripas o de tu cabeza, no importa. Céntrate en que sea interesante y fácil de leer, que consiga transmitir lo que quieres decir. Y, como no, que sea honrado contigo mismo y con tus lectores.

Enfócate en un artículo a la vez. En un párrafo. En una palabra. Una tras otra. No en si la anterior entrada tuvo miles, cientos o decenas de visitas (sí, lo he escrito en orden descendente a propósito). Si lo haces, te pondrás al borde de la depresión. Y te darás cuenta de que nadie te hace caso. De que nadie lee eso que has escrito con tanto esfuerzo. De que eres tan sólo un chirrido más en la atronadora máquina de escupir contenidos que es la web.

Porque el punto ahora no es que te lean. Eso vendrá después. El punto ahora es producir, seguir produciendo constantemente. Sacar de tu organismo eso que te está inquietando de alguna manera, eso que quieres compartir con el mundo, sea lo que sea. Desde una opinión más o menos meditada hasta un tutorial acerca de como configurar un misterioso programa. No importa.

La escritura —por extensión, crear cualquier tipo de contenido para la web— es un proceso diferente al de difusión. Hoy en día no es suficiente con darle a publicar y esperar a que Google haga su magia. Tampoco es suficiente con mandar el enlace a Facebook y Twitter. No, tienes que dar el coñazo. Un poquito, sí. Sin abusar, sí. Pero dar el coñazo.

Tienes que volver a publicar el enlace en las redes sociales varias veces, con algunas horas de diferencia y también con algunos días. Con mesura, para no ser pesado y que no te hagan caso por querer llamar la atención en exceso. Esto hace que el periodo de difusión de tu contenido se alargue. No horas, ni días, sino hasta semanas o meses.

Por ello, si te pones a mirar las estadísticas del día anterior, o de horas antes, te llevarás a engaño. Esas cifras no son verdaderas. Tu contenido no ha desarrollado todo su alcance potencial. Ni siquiera una mínima parte. Debes darle aire, pero no para que respire, sino para que vuele.

Hay matices, desde luego. Muchos. Pero no voy a entrar en ellos ahora. Sólo quiero insistir en lo que he dicho antes, en lo que he dicho al principio: deja de mirar las putas estadísticas.

Si lo que quieres es escribir lo que te de la gana, cuando te de la gana y porque te de la gana, olvídate de ellas. Ahora, concéntrate en escribir.

Y luego, sí: difunde, difunde y difunde.

Y entonces, si acaso, sí, míralas 😉

Esta entrada fue publicada primero en Medium, dentro de mi extinta publicación Apuntes frágiles. Todavía sigue en Medium, pero ahora está aquí.

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