Ni para qué ni cuándo: solo pon los puntos


Decía hace unos meses:

Pero solamente por esta razón, me parece recomendable que aquel que disfrute tanto escribiendo como leyendo, se anime a tener su propio blog: para poder echar un vistazo de vez en cuando a la forma que tenía su ombligo hace unos años, unos meses o unos días.

A esta, le sume otra razón más. Y ahora, no tengo claro si añadir otra o si tan sólo es un efecto colateral.

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Estaba buscando un artículo del primer año de este sitio cuando encontré un post que me llamó la atención: “Descubriendo el podcast”.

Lo abrí y di saltos de alegría (bueno, vale, no tanto). De pronto, podía poner fecha al descubrimiento de un formato que me encanta: descubrí los podcasts en enero de 2007.

Y no solo eso, sino que gracias a esa referencia, pude echar cuentas y fijar con un poco más de precisión el nacimiento de lo que luego sería Proyecto Autodidacta: finales del verano / principios de otoño de 2006. Yo dudaba entre finales de 2006 y mediados de 2007. Pero no, fue antes.

¿Y gracias a qué lo supe? A un post en mi blog.

Esto tan sólo es una anécdota sin mucha sustancia, lo reconozco. Desconozco su relevancia como argumento a favor de documentar las cosas que hacemos, aunque algo de eso hay. Pero creo que la lección que extraigo (si la hay, que no lo tengo claro) es la de la importancia de la espontaneidad.

No sé yo si ahora hubiera escrito un post como ese. Lo hice en su momento de manera espontánea, porque me lo pedía el cuerpo, porque quería compartir un descubrimiento que en su momento me pareció muy significativo.

Creo que he perdido parte de esa espontaneidad, si es que no toda. Y no sé en aras de qué. Pero me gustaría recuperarla.

A veces, la espontaneidad la perdemos tan sólo porque nos fijamos en la utilidad de las cosas que hacemos. ¿Qué beneficio obtendremos de esto? ¿Qué ganaré si lo hago?

Y el problema es que hay ciertas cosas que nunca sabes para que te van a servir. Ni cuando van hacerlo. Ni si quiera si lo harán. Y esta incertidumbre te llevan a no hacerlas.

Me recuerda a lo que decía Steve Jobs acerca de “unir los puntos”. “Sólo podemos unir los puntos a posteriori”, decía en su famoso discurso de Stanford. Y tenía razón.

En cierta forma, escribir y publicar en tu blog es una manera de poner puntos. Y esos puntos se podrán o no unir en el futuro, pero si no están, desde luego que no podrán hacerlo.

A lo mejor, deberíamos dejar de escribir con tanta planificación, con tanta aspiración de visitas y viralidad, y dejar que sean las tripas, y no la cabeza, la que nos ponga los dedos sobre el teclado. Al menos, con más frecuencia de lo que lo hacemos actualmente.

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