Este sitio nació el 15 del enero de 2007. No en la encarnación que ves ahora, sino como un blog en Blogger. Allá por 2013, se independizó de Google (es un decir) y adquirió casa y dominio propio. Desde los inicios hasta febrero de 2019, publiqué más de mil artículos, lo cual es muy poco en relación al tiempo que lleva en activo el sitio.

Todo ese contenido se ha perdido.

Bueno, perdido del todo, no. Más bien es como si se hubiera caído por una alcantarilla y ahora esté enmarañado, sucio y un tanto maloliente. Pero no iba a dejar de usar una frase tan melodramática por minucias, ¿verdad?

Ahora mismo, todo ese contenido está guardado en una gran caja, a la espera de que lo saque y lo vuelva a poner en su sitio. Hacer esto no es tarea fácil y va a llevar más tiempo del que me gustaría y más esfuerzo del que me apetece.

¿Qué ocurrió?

La versión corta: ni puta idea. La versión larga (porque va a haber una versión larga; si no, no hubiese usado un subtítulo): algo corrompió la base de datos. Al menos, esa es la primera hipótesis, pero no importa mucho porque el resultado final fue que hubo que pegarle un tiro en la cabeza al sitio para que dejase de sufrir. Y es que, a pesar de que por fuera lucía en perfectas condiciones, estaba muerto por dentro. Y esto es menos metafórico de lo que podría pensarse.

La causa poco importa a estas alturas, ni siquiera con el propósito de evitar que se repita. Porque la lección aprendida (creo) es que los respaldos son mandatorios cuando tienes un sitio web a tu cargo. Sí, incluso si es tuyo (digo esto porque recientemente me he tenido que encargar de sitios de terceros y ahí sí que me he tomado en serio el tema). ¿Aburre hacer respaldos aunque el proceso sea, hoy en día, de lo más ágil y en algunos casos hasta gratuito? Claro que lo hace. Pero hay que sobreponerse a ese tedio o terminarás pasando por algo parecido a lo que yo he pasado.

Perder, no he perdido nada, o por lo menos estoy razonablemente seguro de que conservo el 90% del contenido. Ahora bien, esto es parecido a una mudanza: tienes todo metido en cajas pero no sabes en cuáles está qué. Aseguras que has etiquetado todo cabalmente y luego entre los libros descubres tus calcetines favoritos.

Por cierto, que en ese 90% mencionado, me refería a contenido mío. Es decir, a entradas y páginas. Porque hay algo que he perdido por completo (o que en la práctica es tan complejo de recuperar que más vale darlo por perdido): los comentarios de los últimos 6 años. Si alguna vez dejaste uno en este sitio durante ese tiempo, muchas gracias por haberlo hecho. Los comentarios siempre son unos centavitos para el bolsillo emocional de cualquiera que crea algo (aunque algunos se asemejen más a puñaladas, pero de esos no hubo nunca por aquí). Sin embargo, se han perdido como las consabidas lágrimas en la lluvia de Rutger Hauer y ahora la sección de cada entrada tiene un aspecto bastante parecido a mí cuenta bancaria.

ACTUALIZACIÓN (2019-08-21)

¡No! ¡No he perdido absolutamente nada! Ese gran amigo y mejor persona que es Juan Calderón (ver más abajo) se tomó el trabajo de seguir por su cuenta hasta que consiguió que recuperase todo, artículos y comentarios incluidos.

Seguir o no seguir, esa es la cuestión

Dos vocecillas hay dentro de mí (entre muchas otras: ¡Hola, voces!). Una me dice: «A la mierda con todo. Empieza de cero, todo con nuevo material». Y la otra me dice: «¿Estás dispuesto a perder el pequeño posicionamiento que conseguiste en Google tras tanto tiempo? ¿Y qué hay de los enlaces que apunten a tu página y que ahora estarán rotos? Con la rabia que da cuando te encuentras con esas cosas, ¿vas a permitir que suceda lo mismo con tu sitio?».

La primera voz me resulta muy seductora. La figura de la renovación, la reinvención, la resurrección y similares siempre me ha resultado muy atractiva. Pero, por otro lado, la segunda voz tiene razón, a pesar de que en ocasiones es mejor cerrar ciertas puertas y seguir adelante sin mirar atrás. Ya lo dijo Grant Morrison en Animal Man:

Pero el debate en mi interior no se limita a estos dos extremos. Hay algo más, una pregunta que asoma desde hace tiempo y que nunca termino de contestar satisfactoriamente. ¿Para qué quiero este sitio? ¿Cuál es su objetivo? ¿Que representa para mí o qué quiero que represente?

Puedo soltar toda una retahíla prefabricada acerca de por qué es bueno tener un sitio propio (y no andar de indigente por las redes sociales, como suele decir Alfonso). Me sé todos los argumentos y cómo defenderlos. Los he usado muchas veces con otros y conmigo mismo. A lo mejor incluso te los he dicho a ti alguna vez, virtual o presencialmente. Pero…

Ahí está, el «Pero…», que se queda inconcluso, como una soga colgando de un precipicio en espera de que alguien se agarre a ella.

Me gustaría recuperar la luz de los viejos días en los que uno publicaba por el mero hecho de hacerlo, del placer que reportaba pergeñar cuatro ideas mal hilvanadas y darle al botón que las pondría online antes de salir corriendo por si estallaba. Pero ahora se me ha llenado la cabeza de tonterías tan importantes como posicionamiento, alcance, engagement, permanencia, nicho, estrategia, marca personal, etc. Son importantes pero, ahora, para mí, son tonterías porque no están en la lista de prioridades de mi proyecto vital. Si acaso, están más abajo, sobre todo para no perderlas de vista y que no vengan a morderme el culo cuando no me de cuenta… una vez más.

Este sería un momento idóneo para relanzar el sitio con un foco, con un objetivo, generar marca, aportar valor, planificar una estrategia… Sé todo eso, pero también sé que ahora no es el momento de aplicarlo en mí. Quizá nunca lo sea, no lo sé. Quizá necesite un cambio de orientación, una visión más pragmática y amplia con una buena dosis de sacrificio. Sí, es bastante posible. Pero ahora esa es una silla en la que me incomoda sentarme.

Tratando de dirimir estás disquisiciones, llegué a la pregunta que quizá importa más en última instancia: ¿Qué prefería, tener este sitio o no tenerlo? La respuesta fue «tenerlo». ¿Por qué? No lo sé, pero me siento mejor con él en mi vida que sin él. Me aporta más que me quita, y a veces con eso es suficiente.

Respecto a las otras preguntas, seguiré sin tener respuestas y sin buscarlas. Porque por el momento prefiero apegarme a lo que dijo Mark Manson en su libro «The subtle art of not giving a fuck»: «La vida se trata de no saber y luego hacer algo de todas formas». Qué sí, que ayuda mucho tener una diana a la que disparar, pero en ocasiones hay que conformarse con lanzar la flecha porque eso es lo único que importa.

El estado de las cosas a día de hoy

Al momento de publicar estas palabras, he conseguido recuperar 722 artículos de los mil y poco que tenía publicados. Hacerlo ha sido cuestión de unos minutos, pues eran los de la primera encarnación de este sitio en Blogger. Ahora quedan algo más de 300 por subir, pero estos deben subirse a mano, uno a uno. Quizá investigando consiguiese encontrar una forma de hacerlo automáticamente, pero creo que ya he cumplido con mi cuota de experimentos y me voy a limitar a ir subiendo poco a poco cada uno de ellos. Y de paso, tal vez les de un repaso y los ponga en circulación por las redes sociales, a ver si caen unas cuantas visitas de esas que masajean un poco el ego.

En cuanto al aspecto, existen muchas posibilidades de que el que estás viendo en estos momentos no sea el mismo dentro de un par días o hasta de horas. No estoy muy por la labor de usar el tema de WordPress que usaba antes (aunque tampoco lo descarto), pero hace tiempo que le perdí el gusto a eso de ir probando temas como quien pica en un buffet libre. Busco algo sencillo pero con cierta versatilidad sin necesidad de recurrir a herramientas adicionales (o sea, plugins), algo que en estos días puede ser un tanto complicado de conseguir si, como yo, no estás dispuesto a invertir en temas de pago por falta de ganas, necesidad y recursos.

Dicho todo esto, creo que solo me quedan dos cosas por hacer para terminar esta especie de comunicado.

La primera es agradecer públicamente a Juan Calderón por su tremendo apoyo no solo en estas circunstancias sino también en otras. De no ser por él, este sitio (y otros) no estaría en línea. Y aunque en este sentido mi recomendación pueda tener poco peso, no puedo dejar de recomendarte que recurras a sus servicios cuando te veas en bretes similares a los míos o si tan solo quieres echar adelante un proyecto web. Precios competitivos, gran eficacia, compromiso y profesionalidad.

Y la segunda es agradecerte por haber llegado hasta aquí y darte la bienvenida a este ivanlasso.info 2.0 (o Todo está dicho 3.0, según se mire) que se puede considerar en estado beta por el momento. No prometo nada, así que puedo cumplirlo todo, aunque no caerá esa breva.

Imagen de MAGNIFIC EYE en Unsplash


4 commentarios

Jorge Calle · agosto 20, 2019 a las 11:24 pm

Que bueno que has decidio seguir con la web. Un inicio «fresco» siempre es una oportunidad valiosa.

A veces los respaldos pueden ser un dolor de cabeza. Una vez un hosting que usaba me borró la base de datos y no se responsabilizó.

De seguro ya tienes tus respaldos funcionando ahora, pero si estás en busca de opciones te recomiendo UpdraftPlus. Lo uso para mis sitios web, y bueno, una vez configurado (con Google Drive) no tienes que preocuparte más 🙂

¡Ánimos y adelante!

    Iván Lasso · agosto 20, 2019 a las 11:50 pm

    Muchas gracias por tus palabras, Jorge. La verdad es que todavía estoy en proceso de encontrar la herramienta más apropiada para los respaldos. Justamente, le tenía echado un ojo a UpdraftPlus y tu recomendación me anima a probarlo.

Sergio · agosto 23, 2019 a las 3:06 am

Es genial que decidieras seguir, y a veces es mejor empezar de cero, lo que decidas será lo mejor

    Iván Lasso · agosto 23, 2019 a las 5:40 am

    Muchas gracias por tu comentario 🙂

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