Cómo hice mi navegador más fluido sin instalar nada (o casi)

Cómo hice mi navegador más fluido sin instalar nada (o casi)


Tengo una computadora modesta. Un día de estos le meteré un chute de RAM, pero por ahora me apaño con los 2 GB que tiene. Hoy día esta cantidad complica mover según que cosas, pero mis necesidades de desempeño no son muy altas. No es un prodigio de fluidez, cierto, pero puedo trabajar.

Pero si hay algo que es un incordio indispensable es el navegador. Lo que uso con regularidad es Chrome, aunque acompañado de Firefox como navegador secundario. Chrome ha acumulado una fama (merecida) de ser un insaciable devorador de memoria, pero Firefox no se queda atrás. Del resto de navegadores en el mercado, mejor no hablar. Pero en todas las cocinas cuecen habas, no nos engañemos.

Tras probar truco tras truco y consejo tras consejo, terminé asimilando que la mejor manera de conseguir que cualquier navegador se comporte lo mejor posible era cambiando de hábitos.

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A continuación va la serie de cambios que realicé y que terminaron por hacer que usar mi navegador (insisto: la mayoría de veces Chrome, pero unas cuantas Firefox) no fuese un suplicio.

Esta entrada fue publicada primero en Medium, dentro de mi extinta publicación Apuntes frágiles, el 22 de junio de 2015. Todavía sigue en Medium, pero ahora está aquí.

Desde entonces hasta ahora, he tenido la oportunidad de aumentar la RAM de mi máquina (hasta 10 GB) y aunque ya no tiro de algunos de los métodos que se explican aquí, hay otros que se han afianzado a base de usarlos y que aplico a pesar de no necesitarlos. O sí, porque tanto Chrome como Firefox tienen sus momentos y a veces pareciera que están dispuestos a comerse todo lo que les pongas por delante.

Adiós a las extensiones

Siempre he tenido mi punto experimentador; eso sí, con gaseosa y en la cocina. Aunque de vez en cuando he cometido cagadas legendarias que me han llevado a reinstalar todo el sistema operativo (fuese Linux o fuese Windows), mi ámbito favorito para probar cosas siempre ha sido el navegador. Y claro, si quieres probar cosas en un navegador recurres a extensiones.

Yo era de los acumulaba extensiones por docenas y luego buscaba por Internet trucos para acelerar el navegador. Bueno, más que acelerar, que no fuese tan lento. Ah, y por supuesto: como gestionar pestañas. Porque yo abría muchas. Y las dejaba todas abiertas. Todas. Y siempre tenía unas cuantas que debían estar ahí sin discusión: Gmail, Facebook, Twitter y alguna otra cosa.

En mis búsquedas para mejorar el rendimiento del navegador, de vez en cuando me encontraba con un par de consejos que se repetían: no instales muchas extensiones y cierra las pestañas que no necesites. Al leer eso, yo exclamaba: ¡pero si las quince extensiones que tengo me son im-pres-cin-di-bles! ¡Igual que las pestañas que tengo abiertas! ¡No puedo cerrar ninguna!

Hasta que, tras probar todo truco y hack que encontraba a mi paso, decidí hacer examen de conciencia: ¿de verdad necesitaba todas esas extensiones?

La respuesta: ni de coña. Algunas las tenía ahí porque me añadían funciones molonas pero que nunca aplicaba; otras porque sabía que algún día las iba a necesitar, a pesar de que ese día nunca llegaba y, cuando parecía hacerlo, ya tenía otra solución a mano; y unas pocas las conservaba por puro pensamiento desiderativo: algún día cambiaré de hábitos y las usaré (falso).

Por lo tanto, decidí eliminar todas las extensiones que coincidiesen con las observaciones del párrafo anterior. Si hubiesen ido a parar a un cubo de basura, creo que habría llenado dos o tres.

Eso ya me significó una mejoría.

A algunas extensión solo les dije “Hasta luego”

Existen extensiones que, si bien no uso a menudo, me gusta tener a mano. Me resistía a deshacerme de ellas, más que nada porque no me apetecía tener que pasar por el proceso de volver a instalarlas cuando las necesitara.

Así que lo que hice fue tan sólo deshabilitarlas. Ahora, cuando las necesito, las habilito de nuevo y, al terminar, otra vez a la nevera.

Sustituir extensiones por bookmarklets

La era dorada de los bookmarklets ya pasó hace tiempo, pero eso no quiere decir que no se puedan seguir usando. Es cierto que no abundan tanto como antes pero muchas veces pueden sustituir perfectamente a una extensión.

La mayoría de los servicios de relevancia ofrecen su propio bookmarklet al mismo tiempo que una extensión oficial. Para mí, el ejemplo más claro es Pocket. Tenía instalada su extensión, pero lo único que me aportaba era un botón para guardar lo que quería. Por lo tanto, añadí su bookmarklet a mi barra de marcadores y eliminé la extensión. Lo mismo hice con otra cuya única función era permitirme enviar un enlace por correo y con otras cuantas que ahora mismo no recuerdo.

De esta forma, conseguí aligerar más el navegador sin perder funcionalidades que me importaban en un momento dado. Si por alguna razón cambiaba de hábitos y dejaba de usar un bookmarklet, solo me ocuparía espacio en la barra de marcadores y no afectaría al rendimiento del navegador.

Cerrar pestañas que no estoy usando

Tras probar ciento y la madre de extensiones que prometían gestionar mejor que nadie las pestañas, decidí que no tenía otra opción que acostumbrarme a no abrir tantas. Me puse la regla de no pasar de tres pestañas abiertas al mismo tiempo. Y conseguí cumplirla.

Si uno se pone a analizar fríamente, en una sesión de navegación común al final la mayoría de pestañas que abre y deja ahí es tan solo morralla. No hablo de navegación dentro de un ambiente profesional, donde sí puede ser necesario tener abiertas muchas cosas a la vez. No, hablo del diario «surfear» (que retro) por la red.

Cuando uno es consciente de esto, resulta más sencillo acostumbrarse a no tener muchas pestañas abiertas. A hacer cosas como abrir un artículo y, en lugar de dejarlo ahí para leerlo dentro de unos hipotéticos e irreales cinco minutos, escanearlo, decidir si guardarlo en Pocket o no y cerrar la pestaña.

Este cambio de comportamiento creo que ha sido el que más y mejor ha repercutido en que pueda usar mi navegador con más fluidez que antes. Pero, como no, existen excepciones.

Sí, excepciones como esas en las que tienes que hacer una investigación en la red y debes tener muchas pestañas abiertas. En ese momento, se te va al carajo la fluidez y todo lo que era dicha vuelve a ser pesadilla.

Hasta que echas mano de una herramienta: The Great Suspender.

The Great Suspender al rescate (en Chrome)

Creo recordar que The Great Suspender no es la primera extensión que he probado de su tipo. Pero de lo que estoy seguro es que es la que mejores resultados me ha dado.

Lo que hace es “descargar” o suspender las pestañas que tengamos abiertas (excepto aquella en la que nos encontremos) tras un tiempo determinado. Al hacerlo, se reduce de manera inmediata el consumo de memoria. Cuando una pestaña se suspende, todo lo que debemos hacer es entrar en ella y hacer clic en su interior para que su contenido se vuelva a cargar.

Instalar The Great Suspender fue una buena idea. Sigo con la práctica de no pasarme de tres pestañas, pero cuando necesito hacerlo por razones de fuerza mayor, al menos el navegador no empieza a funcionar a tompicones.

Suspensión de pestañas para Firefox

No hay versión de The Great Suspender para Firefox, pero sí hay algunas extensiones que hacen más o menos lo mismo. Reconozco que nos las he probado ya que, hoy por hoy, Firefox es mi navegador secundario y me apaño siguiendo mi regla de no más de tres pestañas. Sin embargo, dejo aquí los enlaces a esas extensiones que he encontrado en una búsqueda rápida:

Ojo: algunas de estas extensiones parece que tienen contraindicaciones en según que casos y para según que funciones. Leer atentamente la descripción de cada una de ellas para ver cual es la más conveniente.

Un truco final, pero solo para Firefox

Al momento de escribir esto, no hace mucho se difundió a lo largo y ancho de la web una funcionalidad de Firefox que acelera de manera considerable la carga de páginas.

Yo lo vi en www.juliojosesanz.com, así que la descripción de qué es lo que hace la cojo de él:

Directamente bloquea una serie de dominios que realizan actividades de rastreo basándose en una lista negra de dominios elaborada por el proyecto Disconnect.

El nombre de la opción es Privacy Tracking Protection y en ese enlace podéis obtener más información sobre ella. Lo que está claro es que está enfocada en la privacidad. Pero tiene un efecto secundario: que la velocidad de navegación se incrementa y las páginas se cargan más rápido.

Para activarla, hay que hacer lo siguiente:

  1. Escribir en la barra de direcciones about:config.
  2. Aceptamos en el aviso que nos aparece y a continuación buscamos privacy.trackingprotection.enabled.
  3. Hacemos doble clic sobre el resultado que coincida de manera exacta y así cambiamos el valor de false a true.

Y eso es todo.

No lo he medido, pero sí me ha dado la impresión de que las páginas ahora se cargan con más velocidad.

En fin…

… que así es como lo conseguí. Abrir el navegador y mantenerlo abierto ya no es un sufrimiento constante. Mi equipo ya no se arrastra tanto como antes y, una vez acostumbrado a las reglas que me impuse (no más extensiones de las estrictamente-necesarias-pero-de-verdad, usar bookmarklets en lugar de extensiones y limitar el número de pestañas abiertas), mi trabajo frente al computador es más satisfactorio.

Debo decir que la velocidad y el desempeño que he obtenido no lo he cuantificado de ninguna manera: todo a ojo de buen cubero. Tal vez si aplicas lo que acabo de decir, los resultados que obtengas sean diferentes. Pero creo que por lo menos conseguirás algún progreso por pequeño que sea.

Por cierto, que si tienes algún consejo u observación sobre todo esto, no dejes de usar los comentarios para ello.

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