Vivimos bajo una avalancha constante de nuevos contenidos. De todo tipo. Y es muy fácil dejar libre a esa pequeña mosca cojonera que todos tenemos dentro y despotricar acerca de esta o aquella obra, sea un libro, un post, un vídeo o una película.

De vez en cuando, te escuchas a ti mismo diciendo cosas como «vaya mierda», «eso ya se me había ocurrido a mí», «qué simplón» y a veces otras de más alto calibre, desmesurada condescendencia y pretendida superioridad. Y dentro de estas, la más devastadora: «esto podría haberlo hecho yo».

Insisto en la frase: «Esto podría haberlo hecho yo».

Hubo un tiempo en el que yo hacía esto que acabo de describir. Y más de una vez, terminaba mi discurso interno con esa frase. Hasta que me di cuenta del drama que suponía. Pero para mí.

Sí, eso podría haberlo hecho yo. Pero no lo había hecho. No me había puesto al teclado para escribirlo, o frente al micrófono para grabarlo, o cogido una cámara. Ni siquiera había podido llevar a cabo mis propias ideas, sobre las que discutía conmigo mismo a cada rato.

Ojalá pudiese decir que fue un momento de epifanía al que llegué por mí mismo. No fue así. Estoy seguro de que fue por algo que leí, alguna reflexión similar a esta. Pero a estas alturas ya se ha convertido en «conocimiento blanco», que decía Pratchett: me es imposible discernir la fuente.

El punto de todo esto es que, ante cualquier obra, y sobre todo hoy en día en que cualquier persona puede exponer su trabajo, del tipo que sea, ante todo el mundo, debemos valorar primero que haya sido capaz de hacerlo. Puede estar bien o mal, pero, por increíble que parezca, hacerlo ya es un logro en sí mismo.

Vivimos en una época en la que no solamente estamos cada vez más ocupados sino en la que nos distraemos con una facilidad pasmosa. Todo reclama nuestra atención, sobre todo Internet. Es muy fácil perderse y dejar las cosas a medias. Que alguien sea capaz de concluir algo y de exponerlo al mundo es un logro que no debemos desdeñar.

Sí, puede ser malo, mediocre, incompleto, con fallos… pero lo ha hecho. ¿Puedes decir tú lo mismo?

Para mí fue una cura de humildad. Me puso el ego en su sitio y fue algo sano. Eliminé el veneno del desprecio y pude ver las cosas, tanto las de otros como las mías propias, con otra perspectiva. Y sobre todo, me enriqueció. A menudo ventilamos las cosas con valoraciones simplonas, sin detenernos en los matices. Empezar a valorar las cosas desde el mero hecho de haberlas hecho te ayuda a examinar, a analizar, a detenerte en los detalles y apreciarlos. Y sobre todo, te ayuda a aprender de todos y de todo. Sea para replicarlo, sea para estimularte, sea para no hacerlo así.

IMAGEN: Dariusz Sankowski

Categorías: Varios

0 commentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *