Esta semana no ha sido muy fecunda en lo que a posts se refiere. Tal vez es por eso que esta sección de hoy viene tan cargadita: para compensar. Casi nada: dieciocho enlaces, algunos de ellos verdaderamente largos: lecturas que van más allá de los cinco minutos, de los diez e incluso de los quince. Y como eso es bastante tiempo, mejor os ahorro más introducción y os dejo con ellos. Espero que los disfrutéis.

The best writing project I took on last year was what I call my logbook: a simple Moleskine daily planner in which I kept track of the little details of my day. Who, what, where types of details. Who I met, what I did, where I went, etc.

But not a perfect job. And recently, it has felt increasingly like Twitter could use a good cleaning up of the cruft it has accumulated throughout the years. But that’s probably another post. Here, I wanted to focus on the recent trend of “hacking” the tweet stream. Or, if you prefer, augmenting it.

Well for starters, that product can help your core product make more money, by driving traffic to it or raising your profile in your field. Or if you want to get trickier, you can use this a way of commoditizing your product’s complements.

  • El ABC de la lectura cotidiana (Aglaia Berlutti | Medium en español). Otro conjunto de ideas, contado desde la experiencia, para leer más. A ver si del próximo mes no pasa y cuento las mías:

Y es que leer — y disfrutar haciéndolo — es una costumbre que se construye a diario, que se fomenta en pequeños métodos personales y sobre todo, se construye con una buena dosis de perseverancia. Una noción elemental sobre nuestra interpretación sobre lo que puede ser la lectura — desde un placer personal hasta una forma de aprendizaje — y lo que es más valioso, como disfrutamos de ella.

  • New clues (Doc Searls y David Weinberger | Backchannel). La continuación o actualización del manifiesto Cluetrain por dos de sus autores. No sé si llegará a alcanzar la relevancia del primero, pero la verdad es que no he oído ninguna mención sobre él en otros medios. Aún así, vale la pena echarle un vistazo.

An organ-by-organ body snatch of the Internet is already well underway. Make no mistake: with a stroke of a pen, a covert handshake, or by allowing memes to drown out the cries of the afflicted we can lose the Internet we love.

El retargeting es esa “casualidad de la vida” que hace que después de aquella vez que miraste precios de avión a Roma el resto de tu vida se convierta en un bombardeo. El universo se confabula para que, ¡oh, casualidad!, ya no veas nada más que ofertas de precios de avión, hoteles, alquileres de coches. En Roma, por supuesto.

A number of people have observed how Facebook’s “People You May Know” list can seem like a line up of people you indeed know, but would prefer not to know, whether they are former coworkers, estranged family members, or acquaintances you otherwise try to avoid at parties. Noah Michelson, writing for Huffington Post, noticed his “People You May Know” list is now largely populated with men he met through Grindr. Responding to Michelson’s piece, Grindr denied it shares user data with Facebook, but it is hard to track what is shared where and how. A sea of intermediaries might be the pathway to an eventual phone number match that Facebook will use to display a person’s profile as someone you “may know.” It is not hard to picture circumstances that might make someone panic. What if that one meeting with someone off of Tinder or Grindr was not a hook-up but a sexual assault?

Podcast listening as it stands today is intensely personal. Every podcast app I’ve used is designed for a single user. You maintain your own personalized subscription lists, your stop points in each show are saved to your own device, and you listen to shows by yourself before deleting them when complete. Heck, most of them are heard in headphones, which are tiny speakers you stick inside your ears for you and only you to listen to — it’s intensely personal.

Con el tiempo he entendido que los selfies no van sólo de hacernos retratos a nosotros mismos, ni de usar un palo, un móvil o una cámara. Van sobre todo de la búsqueda de conectar con otros usuarios en los medios sociales, virtuales, digitales que parecen acercarnos.

En esta época, primero, las ideologías han perdido sentido. Ya no somos ni conservadores ni progresistas. No hay nadie, prácticamente, que sea ultraliberal y no hay nadie, prácticamente, que sea comunista hoy en día. Todos estamos en algún punto intermedio, todos defendemos un cierto intervencionismo del Estado, limitado, que no coarte… Yo me considero liberal, pero desde luego no tengo nada que ver con los liberales clásicos y acepto el papel redistributivo del Estado, que antes no se aceptaba. Todos estamos un poco en un continuum mucho más cercano. ¿Y qué son las ideologías hoy en día? Simplificaciones muy burdas. ¿Qué intentan los partidos? Pues que tú digas: yo soy de los rojos, no puedo votar a los azules; yo soy de los azules, no puedo votar a los rojos. No me puedo plantear un cambio de aquí, allá. Se ha llevado a un entorno de maniqueísmo, como si fuera el Madrid y el Barça.

Otra, acerca de la adaptación a la tecnología:

La edad no es un factor. La edad, como tal, no es un factor. De lo que hablamos es de gente que no ha encontrado una propuesta de valor, pero cuando la encuentran, funciona y se meten. Lo que ha hecho la tecnología, el factor más importante que tenemos que tener en cuenta de la tecnología, es la bajada de las barreras de entrada. Cuanto más se desarrolla la tecnología, más bajan las barreras de entrada para el acceso a la propia tecnología, cada vez es más sencillo, cada vez falta menos. Ahora un niño pequeño es capaz de coger un Smartphone y hacer cosas con él y no porque sea un nativo digital, que es un concepto absurdo, sino porque es muy fácil. Es enormemente fácil. ¿Cuándo se mete una persona mayor en Internet? Cuando encuentra una propuesta de valor para ello. ¿Cuándo se mete un pescador? Yo es que tuve una experiencia interesantísima con los pescadores, cuando monté una startup para comercialización de productos de pesca artesanal, y me encontré con que los pescadores artesanales que tienen unos dedos que parecen… son gordísimos, eran perfectos usuarios del último modelo de Smartphone porque era para ellos su salvavidas. Como operan en la plataforma continental y están en zona de cobertura, para ellos era fundamental tener un buen teléfono y usaban los mejores. Entonces, dices: ¡Joder! Pues teóricamente esa gente está excluida, está en el otro lado del digital gap (brecha digital), ¿no? Pues no. Tenían unos teléfonos muy buenos, precisamente por eso.

  • Algunos bocadillos indigestos (Pepo Pérez | Es muy de cómic). Una recomendación de esas que no os debéis perder, pero que resulta curiosa como tal. ¿Por qué? Pues porque se trata de un post haciendo rectificaciones a un programa de radio. El programa en sí no lo conocía, y después de leer esto creo que no lo escucharé. Ahora bien, las rectificaciones que se le hacen contienen tal cantidad de datos y de información que es posible leerlo como pieza individual. Como muestra, un botón (que yo desconocía):

Es bien conocida la reacción de pasmo de William Gibson cuando fue a ver Blade Runner en su estreno en cine en 1982, teniendo en cuenta que por entonces ya estaba escribiendo Neuromante: Gibson se imaginó que cuando terminase su novela y la publicara todo el mundo pensaría que la había copiado de la película de Ridley Scott. Lo ha explicado el propio Gibson en diversas ocasiones, por ejemplo en su web oficial o en esta entrevista. Cuando años después Gibson se encontró con Ridley Scott y almorzaron juntos, ambos hablaron de sus influencias mutuas, las que les condujeron a crear universos de ficción tan relacionados. Entre sus influencias principales Gibson y Scott confesaban que estaba precisamente el cómic, que Marugán no cita: los cómics franceses de ciencia ficción de los setenta, en concreto la escuela derivada de la revista Métal Hurlant.

La primera conclusión no es sorprendente: el trabajo mecánico es para las máquinas y la verdadera brecha digital no es el acceso a Internet sino el saber usarla (nótese que ese post es de 2008, y algún aspecto puede haber envejecido, pero también que la idea central se demuestra válida), saber qué hacer con ese acceso.

It stuns me that people keep asking about how to start a personal brand; how to be a “YouTube personality” without having a clear understanding of what comes before that, which is actually knowing something about something. It’s this notion that is so prevalent right now, which is that you can just come out of nowhere and build your brand through various tactics. To position yourself as an expert is difficult, but most people aren’t asking the first important question, which is: expert in what? What do you want to provide people with? What are you great at? What do you love? What is your legacy going to be (because legacy is always above currency)?

Aquí es donde todo el mundo se confunde. No debemos preguntarnos acerca de cuántos tienes o lo que vas a obtener de ellos. Me importa un bledo el nivel más alto de conciencia, aunque sí importa. Cuando veinte mil personas ven mi vídeo, eso significa que tengo más oportunidades de llevar a la gente a mi contenido y a mi mundo. Ese es el comienzo de una relación que puede conducir a algo.

  • Vinnie Jones, un auténtico animal (Rubén Uría | Jot Down). Un artículo para conocer al actor que hay tras el pedazo de cabrón de “Lock, stock and two smoking barrels” y “Snatch”, que fueron las películas con las que entró en el mundo del cine. Sabía que el tipo había sido un futbolista un poco bestia, pero no sabía que tanto. Por cierto, que si te gustan las dos películas mencionadas, no te pierdas el especial que les dedicaron en La órbita de Endor.

Y es que Vinnie Jones, matón y pendenciero, jamás amenazaba en vano. Paul Gascoigne, entonces estrella emergente del Newcastle, pudo comprobarlo. Vinnie sometió a Gascoigne a un marcaje que nadie podría olvidar jamás. Su ‘hazaña’ consistió en derribar 14 veces a Gazza, en escupirle en la cara y amenazarle de muerte. Gascoigne señaló: “Se me acercó y me dijo: ‘Me llamo Vinnie Jones, soy gitano, gano mucho dinero. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y luego la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, solo conmigo!’”.

Pueden ustedes llamarme Martillo Negro, sí. O mejor, llámenle Martillo Negro a él, a Lexington Steele, que al fin y al cabo es el que tiene un rabo (negro) de circa treinta centímetros (once pulgadas). Por si quieren inhibirse aún más, les diré que la circunferencia de Max supera los diecisiete centímetros. Perdón, olvidé presentarles a Max. Max es el aparato de Lex. Quizás alguno de ustedes se llame Juan, y su novia (o novio) haya decidido bautizar a su pene como Juanito. Ricardo/Ricardito, Antonio/Antoñito, Diego/Dieguito, ya me entienden. Pero esto del diminutivo no funciona con Lex. Simplemente, no puede funcionar cuando uno tiene treinta centímetros de rabo. (Little Lex? No way, man). Por eso Lex llama al suyo Max, sobrenombre que no viene de Maximiliano, por cierto, sino simplemente de máximo.

A la historia de esta faraónica ficción se ha unido recientemente un dinamitero llamado Scotty Bowers, que con la ayuda del documentalista Lionel Friedberg, ha decidido a la vejez viruelas contar su biografía de «celestino» en el Hollywood más esplendente en Servicio completo (Ed. Anagrama). Tal y como apunta Román Gubern en el prólogo, el compendio chismoso de la intimidad sexual del famoseo que estaba de paso o residía en Los Ángeles bien pudiera haberse titulado Memorias de un libertino en la capital del cine, pues todo el libro gira alrededor del sexo menos convencional.


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