Enlaces de ayer y hoy

Enlaces de ayer y hoy (edición nº 27)




¡Última entrega de enlaces del 2014! En esta ocasión, mantengo aún el límite de un máximo de nueve artículos seleccionados, los cuales vienen variaditos. Sin más, vamos con ellos:

El origen del artículo se sitúa el pasado sábado tras la publicación en Babelia de la lista de los mejores libros del 2014, lista que–y no sólo ella- demuestra que el aura literaria está en manos de unos pocos, quienes representan, independientemente de sus obras, la referencia intelectual oficial. En términos de Pierre Bourdieu, los autores que encabezan la lista publicada el sábado y que, si bien la banalidad teórica del dato, han pasado ya la frontera vital de los cincuenta años, ocupan el campo restringido del periodismo cultural, en el que su influencia resulta indiscutible y no solamente porque son firmas habituales de los mismos periódicos, sino porque representan la academia, en el más amplio sentido: académicos o no, estos autores han conseguido institucionalizarse, ser reconocidos por las distintas academias –universitarias, educativas, institucionales- y convertirse en los autores insignes de la literatura española de la democracia.

Hace no mucho, dije en Twitter que no creía en las presentaciones de libros. Maticemos eso. Por no creer quiero decir que no creo en ellas como elemento de Marketing literario que merezca la pena en la mayoría de casos. Tienen sentido en muchos otros sentidos, pero en ése, como puro Marketing, no.

En este ensayo analizo el impacto de internet en las artes y los medios de comunicación centrándome, aunque no de manera excluyente, en el cine, el periodismo y, sobre todo, en la música popular, que sirve de amplio caso de estudio. Para muchos de estos ámbitos creativos internet ha sido «una tecnología disruptiva» (Christensen, 1997) que ha transformado industrias, hecho inviables estrategias de negocios ampliamente afianzadas e introducido nuevas maneras de organizar la producción y la distribución. Trataré estos cambios económicos, pero también sus repercusiones para los creadores y para el público en general.

La existencia de obras huérfanas es parecido al dicho del perro que ni come, ni deja comer. No se pueden distribuir esos trabajos (e.j. transformarlos en un e-book, incorporárlos en un vídeo o un trabajo audiovisual, etc.) porque si aparece el titular de los derechos puede poner una demanda estratosférica. Pero el titular de los derechos sobre esos trabajos tampoco ha mostrado ningún interés en explotar comercialmente, o en distribuir esas obras, o siquiera en ser ubicable si alguien quiere hacerlo.

Cuando se critica la piratería cultural, el autor aparece en primer plano, y se cuenta su historia personal y sus miserias. Pero cuando se trata de vender, el autor no aparece por ninguna parte. Lo que aparecen son las estrategias de marketing, el cómpralo ya, el no te lo puedes perder, el no seas el último. Se lanzan novelas al mercado -por ejemplo-, como pastillas de jabón salidas de una cadena de montaje en la cual el autor es como mucho una marca impersonal. En resumen, se busca una compra impulsiva e irracional sin límite que absorba cuanta más producción, mejor.

Prince had, of course, been approached to participate, but he passed and proposed a different kind of contribution to the project. “I was with Prince one day at his home studio, just the two of us,” says Susan Rogers, who engineered Purple Rain and Prince’s next few albums, “and he got a call from Quincy Jones asking him to come be part of ‘We Are the World.’ I only hear Prince’s side of the conversation—I was in the control room waiting—but he declined it. It was a long conversation, and Prince said, ‘Can I play guitar on it?’ And they said no, and he ultimately said, ‘Okay, well, can I send Sheila?’ And he sent Sheila. Then he said, ‘If there’s going to be an album, can I do a song for the album?’ And evidently they said yes.”

Este es un caso más del ya famoso dicho científico según el cual “correlación no implica causalidad”. De esto se ha escrito ya hasta la saciedad (por ejemplo aquí, aquí, y aquí) pero parece que aún no es suficiente. Lo que tienes que entender es que el hecho de que dos variables estén muy relacionadas matemáticamente entre sí no implica que una sea la causa de la otra, probablemente porque hay otros efectos que no se están teniendo en cuenta, o por simple casualidad.

When we saw the people we made famous interacting us with us as if they were just people, they lost their celebrity sheen, that special glow that in the past we could imagine as they were driven past us with their tinted windows up. In the age of Internet Fame, we could see they were not only like us, they were of us — a fact visible in the proudly home-made quality of much of their work. From how they let us mashup their work to their ticket polices we could see they were for us. And they and we understood that their fame was by us.

El jueves, fuera de la charla, Sanderson comentó que los escritores de fantasía debían dar un paso atrás y situarse justo donde empezó Tolkien antes de escribir El Señor de los Anillos. Si hay algo que los apodados “tres tenores de la literatura fantástica” tienen en común es que han sabido ver más allá del profesor, sin desmerecer su contribución al género ni la de otros autores posteriores. Es un tema delicado para los fans acérrimos de El Señor de los Anillos.

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