Todo es empezar, así que pacta 10 min. contigo mismo para hacerlo

Todo es empezar, así que pacta 10 min. contigo mismo para hacerlo


Por alguna razón, a veces queremos dedicarle tiempo a un hobby pero creemos no tener la energía suficiente para abordarlo. Y quien dice hobby, dice un proyecto que queremos echar a andar porque nos gusta la idea pero que carece de presiones evidentes, como compromisos con otras personas o fechas de entrega.

Quiero hacer hincapié en algo que acabo de decir: «creemos no tener». Porque, en la mayoría de ocasiones, se trata tan solo de una creencia, no de una realidad. Pero si es así ¿qué podemos hacer para sacudirnos de encima esa pereza que nos inmoviliza?

Pues podemos probar con una técnica a la que llamaremos el «pacto de los 10 minutos», y que apareció hace un tiempo en Lifehacker.

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Pongámonos en situación: un día cualquiera de un fin de semana en el que estamos libres de obligaciones. Tenemos por delante toda la tarde libre, por decir algo. Sentimos la inquietud de embarcarnos en nuestro modesto proyecto, pero tras toda la semana de trabajo nos decimos que, bah, mejor descansar un rato y si acaso después nos pondremos un rato con ello.

Así que nos ponemos a ver esa serie de televisión de la que nos quedan unos cuantos episodios por delante, o a leer ese libro al que le tenemos tantas ganas, o a navegar por la red para ponernos al día con nuestras publicaciones favoritas.

¿Qué es lo más probable que suceda? Que a un capítulo de la serie (o del libro), le siga otro; o que de un sitio web, vayamos a otro, y a otro, y a otro más. Cualquier cosa menos abordar nuestro proyecto. Y eso a pesar de algo curioso: nos diremos a nosotros mismos que, cuando termine el capítulo que estamos viendo (por ejemplo), nos pondremos manos a la obra. Y lo haremos convencidos. Pero nunca ocurrirá. Y como esta vez tampoco esperamos que pase algo diferente, tan solo…

Pero… un momento. Si queremos que sea diferente ¿por qué no hacemos algo diferente? Es en este punto en el que podemos probar con hacer un pacto de 10 minutos con nosotros mismos.

El pacto

¿En qué consiste ese pacto? En que, en cuanto terminemos de ver un capítulo o de leer ese artículo, le vamos a dedicar 10 minutos a nuestro proyecto. Nada más: 10 minutos. Tras ellos, volveremos a la serie o a navegar por la red o a lo que sea que estábamos haciendo.

Cuando llegue el momento, nos ponemos a eso que tanto queremos hacer y que tanto posponemos. A ser posible, usamos una alarma que nos avise de que los 10 minutos que le vamos a dedicar han terminado. Aunque parezca poco, ese periodo de tiempo es suficiente como para llevar a cabo alguna pequeña tarea.

¡¡¡Pipipipi-pipipipi!!! Suena la alarma. Lo dejamos. Volvemos a la serie. O a la web, o a lo que sea.

¿Qué obtenemos? Avance y energía

De esta forma, quizá no hayamos hecho tanto como soñamos hacer, pero habremos avanzado algo. Poco, pero desde luego mucho más que nada, que sería lo que habríamos obtenido de no cumplir con nuestro modesto pacto con nosotros mismos.

Sin embargo, también es muy probable que ocurra otra cosa: que una vez que nos pongamos a ello, no queramos dejarlo. Como la actividad que hemos interrumpido es completamente superflua, no sentiremos culpabilidad de saltar de una cosa a otra y nos habremos embebido en nuestro proyecto.

¿Y qué pasa si no ocurre así? Pues nada. Hemos cumplido nuestro pacto. Le hemos dedicado 10 minutos a nuestro proyecto y, por lo tanto, algo habremos avanzado, por muy poco que sea.

Por probarlo, no perdemos nada. En cualquier caso, ganamos con ello, sea de una manera u otra.

Por cierto, que este pacto puede resultar más rendidor si antes hemos fragmentado nuestro proyecto en pequeñas tareas. Así, esta táctica será más efectiva pues el progreso que consigas será mucho más evidente y fácil de visibilizar.

Así que, ahí lo dejo como propuesta. Tal vez sea esto lo que necesitemos para tirar para delante con eso que hemos pospuesto ya durante demasiado tiempo. Como he dicho antes, no se pierde nada con intentarlo y a lo mejor conseguimos de esta manera hackear nuestra fuerza de voluntad, que a veces necesita de pequeñas trampas para poder desplegar todo su potencial.

FUENTE: Lifehacker

IMAGEN: RoganJosh

Esta entrada se publicó por primera vez en el desaparecido blog Mutatika, y puede haber sido editada para esta ocasión. Si quieres saber por qué vuelve a salir aquí, en esta otra entrada tienes la explicación.

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