Como la compra de un libro representa un lujo para mí, normalmente miro y remiro los que me interesan antes de tomar una decisión. En más de una ocasión, regreso a casa con las manos vacías. Prefiero seguir tirando de Internet para calmar mi hambre de letras que gastar mi dinero en algo que no me convence.

Sin embargo, hay autores sobre cuya obra no hago escrutinio alguno y que compro a ciegas. Uno de ellos es Álex Grijelmo.

Grijelmo se ganó este derecho dentro de mi vida gracias a “La seducción de las palabras” y a “Apología del idioma español”. Este último lo compré poco después que el primero porque me quedé con ganas de más.

Grijelmo es al lenguaje lo que Carl Sagan es a la ciencia. Despoja al lenguaje de ese áura mística e inalcanzable con la que le han envuelto algunos intelectualoides y lo devuelve a su lugar de origen, la calle. Pero, ojo con esto, recordando siempre la importancia de hablar y escribir bien. Y lo más importante, explicándolo.

Grijelmo consiguió cambiar mi manera de ver las cosas, dándome herramientas para poder cuestionar muchas cosas con más efectividad. Uno de los vicios que tenemos los españoles es el de “se dice así”. Debido a que el español nació y se consagró en España, creemos que el idioma sigue siendo sólo nuestro, y no es así. Grijelmo me enseñó a aceptar el español que no era de España sin sentir que estaba menospreciando o vulnerando algo que sentía (y siento) como muy mío. Me mostró que el lenguaje es algo vivo, por mucho que algunos se empeñen en matarlo, y que el mestizaje sirve para enriquecer todo idioma con nuevos términos.

Su último libro lo cogí directamente de una estantería y fui directamente a caja a pagar. Se llama “La gramática descomplicada” y hace honor a su nombre. Aún no me lo he terminado (últimamente ando algo lento con la lectura) pero, de nuevo, Grijelmo consigue poner a nuestra disposición un excelente cajón de herramientas del lenguaje. Explica cosas por las que ya hemos pasado en la escuela, pero lo hace con tanta claridad y de manera tan entretenida que renovamos y fortificamos los conocimientos adquiridos.

“La gramática descomplicada” debería convertirse en libro de texto de la asignatura de lenguaje. De hecho, así debería hacerse con toda la obra de Grijelmo. Si se hiciese, la próxima generación no sólo hablaría y escribiría mejor, sino que también pensaría mucho mejor.

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Categorías: Varios

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