El escapismo como camino para escapar de verdad


Neil Gaiman es un artista que pareciese que siempre lo borda cada vez que lo ponen en un estrado. Muy conocido es su discurso para University of arts, que podéis ver subtitulado y dividido en dos partes y que hasta tiene su versión en cómic.

En esta ocasión, quiero hacer referencia a una intervención que posiblemente ya visteis en su momento, pero que no quería dejar de poner aquí. La hizo en octubre, en Londres, con el auspicio de The Reading Agency. Llegó a mis ojos por vía de Error 500, pero la traducción proviene de Lo leemos así.

Como ya habréis visto, el discurso está encabezando este texto. En Lo leemos así podéis encontrar una transcripción completa del mismo en español. Para mí, es una de las mejores intervenciones de Gaiman, llena de esos párrafos durante los cuales mueves tanto la cabeza asintiendo que un poco más y te desconyuntas.

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Podría resaltar varios pasajes de su discurso, pero voy a quedarme con uno sólo, tal vez porque fue con el más me llegó (y las negritas son mías):

Ya que hablamos del tema, me gustaría decir un par de cosas sobre el escapismo. Es frecuente oír el término como si se tratara de algo malo. Como si la literatura “escapista” fuera un opiáceo barato al que recurren los confundidos, los tontos y los engañados, y que la única ficción que lo vale, tanto para adultos como para niños, es la ficción mimética, un espejo de lo peor del mundo en que se encuentra el lector.

Si estuviéramos atrapados en una situación imposible, con personas que nos quisieran mal, y alguien nos ofreciera un escape temporal, ¿acaso no aceptaríamos su oferta? Y la ficción escapista es justamente eso; ficción que abre una puerta, muestra la luz del sol del exterior, nos da un lugar al que ir en el que nosotros tenemos el control, estamos con personas con las que queremos estar (y los libros son lugares reales, no lo dudéis por un solo momento); y, lo que es más importante, durante ese escape, los libros también pueden darnos conocimientos acerca del mundo y de nuestra problemática, darnos herramientas, darnos armadura: cosas reales que podemos llevarnos con nosotros de vuelta a nuestra prisión. Destrezas, conocimientos y herramientas que podemos utilizar para escapar de verdad.

Como nos recordó JRR Tolkien, las únicas personas que vituperan la escapada son encarceladores.

Si no habéis visto antes este discurso y no habéis dado ya al play, ¿a qué esperáis?

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