El complejo “Power Point”, también conocido como “Mamá, mira lo que sé hacer”, es algo muy extendido. Todos nos hemos bajado en algún momento una presentación de Internet, o en la mayoría de los casos alguien nos ha mostrado una que ha hecho con mucha dedicación para un deber, para una exposición acerca de un tema… No importa.

El complejo “Power Point” se refiere a la capacidad para dotar de un exceso de efectos a una presentación que, en acumulación, llegan a hacerla ilegible. ¡Guau! Menuda definición. Apaga y vamonos.

Pongamos un ejemplo. Alguien (un amigo, un alumno, o en el peor de los casos un familiar), acude a ti para pedirte que veas una presentación que ha hecho. Tiene que exponer al día siguiente y quiere tu opinión. A pesar de que tu instinto de supervivencia empieza a mandarte señales en forma de dolores psicosomáticos, aceptas. Al fin y al cabo, acabas de actualizar el antivirus y no crees que nada malo pueda pasar.

Abres la presentación. Primera diapositiva. Nada más empezar, todo negro y ¡zas! Aparece de la nada la diapositiva, o más exactamente el fondo. Y viene girando, dando vueltas. Bueno, está bien. Es el principio. Tienes que atrapar al espectador, ya se sabe.

A continuación, empiezan a aparecer las letras. Un montón de duendecillos con muy mala leche las lanzan desde fuera de los márgenes de la diapositiva. Además, cada una de ellas viene acompañada por un sonido distintivo, para que no la confundas con otra: una con un chirrido, otra con un derrape, esta de más allá es recibida con aplausos porque es muy conocida en su casa a la hora de comer… Poco a poco, y seguro que por algo relacionado con la teoría del caos, el texto va tomando un aspecto legible. Cuando por fin el texto se materializa ante ti, todo ese ballet demencial finaliza con una gran ovación. Esto de las ovaciones en Power Point es una cosa maniática. Hay gente que descubre que puede ovacionarse a sí misma en la presentación y se dedican a poner esos aplausos enfervorecidos constantemente, como si fuese la única ocasión en su vida en que pueden llegar a recibirlos. Y si además hay algún “¡Bravo!” por ahí, pues mejor. Es algo así como mirarse al espejo gritando eso de “¿Qué era cuando me parió mi madre? ¡El número uno!”, pero en plan bestia, para que todo el mundo lo oiga.

Tras esto, cuando ya estás superando el aturdimiento y vas a leer el texto (o, si te van las emociones fuertes, lo estás terminando de leer), la diapositiva asume que ya has tenido tiempo suficiente para recrearte en ella y se larga sin avisar a nadie. No has terminado de reaccionar cuando otra se desliza lentamente desde la parte superior. Y, oh sorpresa, está vacía. Sólo es un fondo, algo así como queriendo generar expectativa.

Entonces, tomando consciencia de que quizás anteriormente el paso de las letras fue demasiado fugaz y aleatorio, ahora empiezan a entrar una tras otra. Y, en un alarde de ingenio y originalidad, van acompañadas por el ruido del golpe de una tecla de máquina de escribir. Antes no podías leer ninguna porque entraban bailando y en cuanto dejaban de bailar, se largaban como alma que lleva el diablo. Ahora ocurre lo mismo, que no puedes leerlas, pero por el caso contrario. Vas leyendo cada una de las letras y uniéndolas en tu cabeza para formar palabras. Cuando has formado una, comienzas con la siguiente y cuando la terminas, te has olvidado de la anterior, con lo que vuelves al principio hasta que te vuelves a topar con una nueva palabra en formación y… Bueno, pues eso.

De una manera u otra, vas logrando asimilar el texto, cuando de pronto, lo que faltaba: ¡un ovni! Sí, sí, un ovni. Porque se trata de un objeto volador no identificado. Algo entra en la diapositiva y empieza a revolotear por todas partes, chocando contra los bordes, agrandándose y achicándose hasta que por fin se detiene con un estruendo ensordecedor. ¿Qué significa eso? Pues que el creador de la presentación descubrió como animar objetos, ni más ni menos. Ni que decir que es en ese momento cuando la diapositiva toma las de Villadiego y desaparece sin que de nuevo hayas podido terminar de leer el texto.

En esta tónica transcurre el resto de la presentación, con todas las diapositivas amenizadas con unos fondos irritantes que, en conjunción con el texto, demuestran que el creador no conoce el significado de la palabra contraste y que de hecho no figura en su diccionario personal. A estas alturas, lloras como una magdalena: tus ojos no han podido aguantar semejante castigo y han comenzado una táctica de autodefensa. Al llegar a la pantalla en negro que significa el final de la presentación, sigues llorando pero ahora son lágrimas sinceras: no puedes reprimir la alegría.

A tu lado, el forjador de semejante despropósito visual espera tu veredicto. Ha demostrado que conoce todas y cada una de las funciones de Power Point, hasta las más recónditas y aberrantes relacionadas con la animación. La exposición es sobre “análisis de la coyuntura en la cría del gambusino mixto”, pero se lo ha tomado como si fuera un examen de informática. Le miras a la cara y te das cuenta de que si hubiese parido un hijo no estaría tan orgulloso. No tienes estómago para decirle la verdad. Y además, tienes miedo: si ha sido capaz de hacerle eso a una presentación que debía ser sencilla, a saber que te puede hacer a ti. Pero tampoco puedes mentir. Eliges la ambigüedad.

– Impactante.

El susodicho se va más contento que unas castañuelas y tú te quedas anotando las próximas recomendaciones que vas a dar en tu clase. Deberán seguirlas a rajatabla bajo pena de perder el año de manera irreversible.


1 comentario

Anonymous · febrero 6, 2012 a las 11:56 pm

pero que significa la palabra powerpoint

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