Imagínate que creas un blog y eres tan irresponsable o tan incauto de hacerlo con tu propio nombre (¡ups!).

Imagínate que durante un par de meses te dedicas a decir tonterías, a decir chistes con menos gracia que dar el pésame en una sala de partos porque el niño nació feo. Imagínate que demuestras total desprecio por la hortografiá y que colocas la puntuación como quien pone la cola al burro (Pratchett dixit).

Pasados los dos meses, te aburres y te olvidas del tema. Nadie te ha hecho caso (como era obvio) y te refugias en las listas de correo mascullando contra la incomprensión del mundo.

Pasan los años. Tu carrera llega al punto más alto. Eres una figura pública. Para los demás eres un referente del éxito, del savoir faire, de la presencia. Y entonces alguien, inocentemente, pone tu nombre en Google. Es un fan. Eres su ídolo. Muere por ti. Recorre todos y cada uno de los enlaces que aparecen en el buscador. Pero todos, ¿eh? No como solemos hacer la mayoría, que nos quedamos en los diez primeros que aparecen.

Y así, vínculo tras vínculo, recorriendo enlaces cual Pulgarcito (¿era él?) volviendo a casa, llega hasta el cadáver de tu blog.

Oh.

Ups.

Ay.

¿Cuánto tardaría este – ahora desencantado – fan en regar por todos las listas de correo, grupos de Msn y comunidades similares la dirección de tu ya fenecido blog? ¿Cuánto tardaría en contagiar su desencanto a otros fanáticos? Y lo que es más: ¿cuánto tardarías tú en caer de tu pedestal simplemente porque durante dos veces se te antojo comportarte como un imbécil, cosa que sin ir muy lejos nos puede ocurrir a todos?

Quizá no te preocupes. Quizá sabes que esa posibilidad para ti es inexistente. Sabes que serás famoso el día que las ranas tengan pelo, y será porque te habrás convertido en el primer peluquero de ranas. Pero…

¿Y si esa chica que conociste el otro día y con la que hay tan buen rollo decide buscar en Google tu nombre a ver que sale?

¿Y si el tipo que te va a contratar, después de tres años en paro, hace lo mismo? (Ojo, que he oído que esto lo hacen)

¿Y si tu madre aprende a manejar el ordenador y llega hasta tu post titulado “Incesto, mi secreto mejor guardado”? O peor ¿Y si tu hija llega hasta ese post? ¿Y si lo hacen sus compañeros de clase?

Parece ser que todo lo que sale en Internet queda guardado. Recuerdo haber leído por ahí (vete tú a saber donde) que había ordenadores que rastreaban la web y guardaban todo lo que encontraban (¡la cantidad de porno que tiene que haber ahí dentro!). Creo que una de las iniciativas del proyecto de www.archive.org es esa, la de convertirse en un archivo donde encontrar todo aquello que haya estado alguna vez colgado en Internet, aunque capaz me equivoco (ese es el problema de escribir offline).

Con todo, ponte en la peor situación: todo lo que tú hagas o digas en Internet, queda registrado en alguna parte.

¿Consejo? Usa seudónimo.

O mejor: no digas tonterías (o algo de lo que después puedas arrepentirte).

P.D.: ¿Me arrepentiré tiempo después de haber escrito esto? La solución dentro de unos años.

Categorías: InternetVarios

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