Cómo usar las negritas en la entrada de un blog

Cómo usar las negritas en la entrada de un blog


Ayer publiqué por estos lares una entrada más personal de lo habitual. Tal y como la conté, para mí tiene tintes hasta de cuento. Llevando la contraria a una de las reglas que hay que seguir al escribir un post, no puse ninguna palabra en negrita. Esto me llevó a pensar en qué casos hay que poner negritas y en cuales no. La respuesta corta: siempre, excepto en narrativa. Pero abundemos en el asunto, porque me parece una buena excusa para hablar del uso de las negritas en la entrada de un blog.

¿Para que sirven las negritas?

La función de las negritas, tanto en la web como fuera de ella, siempre ha sido la misma: resaltar. Como dice en Wikilengua, «Al contrario de las cursivas, no suele tener otras funciones relacionadas con la semántica o la intencionalidad». Pero en la web, tiene un par de objetivos principales:

  • Llamar la atención a Google.
  • Captar la atención del lector.

Respecto a la primera, se dice que Google tiene en cuenta la inclusión de negritas a la hora de rastrear nuestro texto. No sé hasta que punto influirá en que aparezcamos en un puesto u otro dentro de sus resultados, pero sin duda de algo servirá (aquí, un comentario —en inglés— al respecto con un poco más de detalle).

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La teoría vendría a decir algo así como que, si tenemos dos páginas con la palabra «cómic», una en negrita y otra no, la primera aparecería en un resultado superior al de la segunda. Pero no olvidemos que Google, y cualquier otro buscador, no toma en cuenta un único factor, sino muchos más. Digamos que si ponemos negritas, le echaremos una mano, sí, pero no vale la pena obsesionarnos con el tema y hacer cosas como limitarnos a poner en negrita las palabras clave (de cara al buscador). Sobre todo porque lo que segundo es más importante: captar la atención del lector.

En la web, todos escaneamos los textos. Al menos, en la mayoría de las ocasiones. Las negritas sirven como anclas o redes para que el lector, por un lado, se entere con más facilidad de lo que dice el texto y, por otro, se enganche a él. Unas negritas bien puestas pueden ayudar a que el lector decida detenerse y leer con más calma, en vez de terminar cuanto antes para ir en busca del siguiente contenido que devorar.

Por lo tanto, si nos limitamos a aplicar negritas a las palabras clave que queremos posicionar, tal vez nos ayude en algún momento, pero de cara al lector no resultará muy práctico. No habrá nada que le invite a detenerse y es posible que se marche con una percepción negativa de nosotros como autores.

Para mí, lo primero es el lector. Y no solamente porque es a él a quien nos dirigimos, sino porque los buscadores, y Google en especial, siempre tienen al usuario en mente y sus avances están dirigidos a tratar de parecerse lo más posible al ser humano. De ahí que la mejor estrategia no sea tratar de «engañar» a Google, sino de elaborar los textos pensando en el lector, pues lo que hoy nos sirva para la máquina, mañana puede dejar de hacerlo; sin embargo, lo que hagamos con el usuario en mente, servirá siempre.

¿Cuántas negritas hay que poner?

Pues no hay que pasarse, pero tampoco quedarse corto. Desde que trabajé en Genbeta, adquirí la costumbre de poner como mínimo una palabra en negrita por párrafo, aunque lo normal es que sea una expresión o una frase de unas pocas palabras (sí, como en este mismo párrafo). Si el párrafo es muy corto, ninguna.

Como en este caso.

Y si nuestro estilo es usar párrafos cortos, aunque no tanto como el anterior, hay que tener cuidado también para no saturar. Tal vez con una palabra o expresión por cada dos o tres párrafos pueda ser suficiente.

La clave está en el equilibrio visual del texto. Recordemos: las negritas sirven para resaltar. Si resaltamos mucho, no resaltamos nada. Como cuando en el colegio cogíamos un rotulador fosforescente y subrayábamos párrafos y párrafos seguidos, que creíamos que habíamos hecho un resumen fantástico y, al repasar, teníamos que leernos de nuevo prácticamente todo el capítulo. Siempre resulta más práctico ser conservador. Poner pocas negritas y bien elegidas.

Por eso me gusta la regla de «una negrita por párrafo» (palabra, expresión o frase). No genera muchas dudas, funciona casi siempre sin llegar a saturar (que es lo principal) y es aplicable en la mayoría de casos.

Cuando no poner negritas

A mi juicio, hay un caso en el que no debemos poner negritas: la narrativa. Pero cuidado, la narrativa entendida como género literario, no como lo que se dice siempre de que en una entrada hay que contar una historia para enganchar al lector.

Tal vez en la crónica pueda incluirse, pero creo que dependerá del estilo del autor. A lo mejor, las negritas llaman demasiado la atención dentro de un texto con un tono pausado o reflexivo. No sé. Estoy elucubrando un poco sobre la marcha.

En el resto de casos, resulta conveniente poner negritas siempre. Y siempre con mesura. Cuidado que he visto casos que, por muy acreditado que esté el medio, son más que cuestionables. A la hora de buscar ejemplos para tomarlos como referencia, también hay que tener cuidado.

Las negritas en las listas

No, no me refiero a los listicles, ni siquiera a los artículos elaborados en forma de lista, en los que cada punto está en forma de encabezado y se desarrolla a continuación. Hablo de la simple enumeración de puntos, breve o con una explicación algo larga (dos o tres frases).

Cuando es una enumeración de elementos, obviamente no hace falta usar negrita. A menos que queramos resaltar uno de ellos (o varios) como especial entre el resto.

En el caso de puntos con explicación, podemos optar entre tres opciones. Para explicarlo mejor, lo voy a hacer con una lista del tipo a que me refiero:

  • La primera, no poner ninguna negrita.
  • La segunda, resaltar una palabra u expresión, tal y como haríamos con cualquier otro párrafo.
  • Poner la negrita al inicio sería la tercera. ¿Por qué? Porque muchas de estas listas comienzan con un enunciado que se amplía a continuación con un par de frases. Es una práctica muy usual y yo la he utilizado más de una vez.

Y hasta aquí este repaso del uso de las negritas en un blog. Ni que decir tiene que mi intención es meramente orientativa y que, al final del día, cada uno hace de su capa un sayo y pone las negritas como le viene en gana. Además, hacerlo por obligación, siguiendo una norma como la que me gusta aplicar a mí, a veces puede resultar contraproducente. Por decir algo, depende de la estética de nuestra plantilla o de la plataforma que usemos para publicar. Si el interlineado (el espacio entre linea y linea) es muy pequeño, a lo mejor no conviene que nos pasemos usando negritas, por ejemplo. En resumen: que hay que aplicar un poco de criterio propio en base a la situación en la que nos encontremos.

Todo lo que he dicho es fruto de la observación, el análisis y la experiencia. Si yo me he aferrado a esa costumbre de una negrita por párrafo es porque, entre otras cosas, ahorra tiempo. Sin embargo, no la sigo a rajatabla y casi siempre trato de pensar si la negrita que pongo en un párrafo tiene o no sentido (al menos para mí). Incluso se me olvida hacerlo alguna vez (o, venga, seré sincero: me da pereza). Pero siempre conviene hacer el esfuerzo de ponerlas.

Al terminar el texto de una entrada, procuro darme tiempo para poner las negritas (aunque alguna vez se me olvide). De hecho, me parece práctico hacerlo al mismo tiempo que lo repasamos para corregir errores. Así matamos dos pájaros de un tiro: mejoramos el texto y lo enriquecemos con las negritas.

¿Hay algo de lo que digo con lo que no estás de acuerdo? ¿Te parece esta forma de usar las negritas la mejor o tienes otros criterios? Aquí abajo están los comentarios para decir lo que creas conveniente.

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