Hoy vengo con un post que no creo que vaya a ser precisamente de los más visitados de este sitio pero que a lo mejor puede serle de utilidad a alguien en un caso muy concreto. Si es así, me doy por satisfecho. Y si no, pues también, porque tengo ganas de compartir la alegría de haber resuelto un problema (extraño y posiblemente minoritario) que me traía de cabeza desde hacía ya varios meses.

Como alguna vez he dicho, GIMP es mi herramienta de cabecera a la hora de trabajar con imágenes de mapa de bits. Reconozco que esto tiene algo de matar moscas a cañonazos, pues no hago gran cosa con el programa más allá de recortar, reducir número de colores según el caso y aplicar algún que otro filtro. Sin embargo, estoy acostumbrado a usarlo y ya se sabe lo difícil que es cambiar las costumbres, sobre todo cuando ya has desarrollado un método de trabajo con el que te desenvuelves con rapidez y fluidez.

Antes de continuar, voy a hacer un inciso: de lo que voy a hablar se desarrolló con GIMP 2.10.12 en Windows 10 Pro de 64 bits con todas las actualizaciones respectivas al día al publicar este texto. Sin embargo, el problema al que voy a hacer referencia data de hace meses, no sabría decir cuantos. Así que es posible que sea aplicable con versiones anteriores de GIMP 2.10 o incluso 2.8.

El caso es que un buen día, hace meses como digo y sin comerlo ni beberlo, mi querido GIMP amaneció con un problema con el que no me había encontrado hasta ese momento: era incapaz de realizar cambios sobre la imagen. O sea, no podía utilizar ninguna herramienta sobre ella. Sí podía hacer cambios por medio de menús pero, por poner un ejemplo, si seleccionaba un pincel no podía pintar sobre ella, o si escogía una de las herramientas de selección, no podía seleccionar nada. La herramienta simplemente no funcionaba. Era como si al entrar en el área de la imagen, dejase de responder.

Como es de suponer, eché mano de Google y fui probando diferentes cosas, pero ninguna funcionaba. Estaba desconcertado. No tenía ni la más remota idea de lo que estaba pasando. Ahora bien, como tampoco es que estuviese trabajando con muchas imágenes en ese momento, no le di mucha importancia y terminé pasándome a Paint.net para salir del paso.

Pero la espinita se me quedó clavada y de vez en cuando trataba de encontrar una solución. Probé todo lo que me encontré que estuviese relacionado y nada me daba resultado. Desinstalé y volví a instalar varias veces, eliminando al hacerlo todo rastro que dejase el programa en el disco duro, no fuera que hubiese alguna configuración maltrecha que se quedase por algún lado y se heredase en una supuesta instalación limpia. Y nada. Nada. NADA.

Y entonces hoy, el día que escribo esto, volví a intentarlo. Más que nada porque tenía que hacer unas ediciones que no sabía hacer en Paint.net y sí en GIMP y no me apetecía aprender cosas nuevas (hay días así, para qué negarlo). Y porque ya me estaba tocando las narices. Así que vuelta a instalar y desisntalar y a investigar en Google, abriendo todo aquello que me pudiese dar una orientación. Y entonces encontré algo.

En alguna página de la que he perdido la pista, alguien mencionaba la opción «Input devices» (dispositivos de entrada) dentro del menú «Editar». Dado que nunca me había pasado por ahí, decidí entrar. Quizá era algo relacionado con el ratón, me dije. Y casi, casi acerté, porque lo que me encontré en la ventana que se abrió me hizo fijarme en algo que se me había escapado hasta el momento.

Resulta que en la ventana «Configurar los dispositivos de entrada» no podía cambiar nada en la opción «Core pointer», que es la que me importaba. Pero me encontré otra cosa: una serie de opciones para configurar algo llamado «Genius Device». ¡Coño, la tableta gráfica!

Tengo una tableta gráfica desde hace tiempo. Es un modelo bastante modesto al que nunca le he sacado todo el partido pero con la que tonteo de vez en cuando solo para volver a dejarla de lado: ya he dicho alguna vez que lo mío no es dibujar, que lo que yo hago se parece más a construir.

El caso es que durante uno de esos tonteos, instalé un programa de los que vienen con los drivers de la tableta para supuestamente configurarla. Mi objetivo era que mejorase su precisión, algo que nunca terminó de suceder (creo que un poquito sí, pero no tanto como esperaba). Así que cuando volví a meter la tableta en el cajón, el programa se quedó instalado y arrancando en mi sistema con cada encendido, no fuese que otro día me diese por trastear, no recordase la existencia de dicho programilla y me rompiese la cabeza intentando comprender que sucedía.

Así que fui a la bandeja del sistema y, efectivamente, el susodicho programa estaba ahí, activo en segundo plano. Sin mucha idea de que estaba haciendo, pero sospechando que podría tratarse de algún tipo de conflicto, se me ocurrió cerrarlo. Entonces volví al GIMP y ¡pude volver a usarlo!

Por si acaso, el programilla del que hablo es un tal ioTablet, con un ejecutable de nombre gTabTaskBar.exe. No sé que tan indispensable sea para el funcionamiento de la tableta gráfica, pero ya lo he desterrado de mi arranque para que no fastidie más. De hecho, este artículo sirve en parte de recordatorio de que puede ser que alguna vez lo necesite.

Hasta aquí mi historia: de nuevo vuelvo a contar con GIMP para mis pequeños retoques y ediciones. Si tienes un problema parecido, o alguna vez te sucede algo similar, creo que se puede sacar de esta experiencia que podría ser que el motivo del fallo se encuentre en un conflicto con algún dispositivo de entrada. Sí, sé que se trata de una afirmación un tanto vaga y que a lo mejor no se aplica a tu problema, pero tal vez esto te de una pista tal y como me la dio a mí encontrarme con la alusión a los «Input device» en una publicación de nada menos que 2006. Así son las cosas a veces, vaya.


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