Me acojo al derecho (¿lo tengo?) de crear con los mimbres de otros.

Dice en lo de Austin Kleon (y traduzco):

Hay un documental canadiense de 1965 llamado Ladies and Gentleman… Mr. Leonard Cohen, que sigue al poeta y compositor a la edad de 30 años. En un momento dado le muestran teniendo este irreverente intercambio durante una entrevista de televisión (este clip me recuerda mucho a Bob Dylan en Don’t Look Back, que se rodó más o menos en la misma época):

ENTREVISTADOR: ¿Cómo puedes escribir poesía si no te molesta algo?

COHEN: Me molesta. Cuando me levanto por la mañana, mi verdadera preocupación es descubrir si estoy o no en estado de gracia. Y si hago esa investigación y descubro que no estoy en estado de gracia, trato de irme a la cama.

ENTREVISTADOR: ¿Qué quiere decir con estado de gracia?

COHEN: Un estado de gracia es ese tipo de equilibrio con el que se afronta el caos que se encuentra a su alrededor. No se trata de resolver el caos, porque hay algo arrogante y belicoso en poner el mundo en orden.

La penúltima frase es la que ha llamado mi atención. En el original dice «A state of grace is that kind of balance with which you ride the chaos that you find around you». Lo he traducido como «afrontar», pero el original, «ride», me parece que tiene más sustancia: «manejar», «conducir», «cabalgar».

Me ha recordado a una conocida cita de Ray Bradbury:

«Todas las mañanas salto de la cama y piso una mina. La mina soy yo. Después de la explosión, me paso el resto del día juntando los pedazos».

Hace referencia a la escritura, pero yo la interpreto de otra forma. Bueno, no sé cómo la interpretarán los demás ni lo que el mismo Bradbury quería decir exactamente, pero para mí es un reflejo de lo que vivo la mayoría de los días. Te levantas y estallas. Te levantas y te enfrentas contra el caos que hay a tu alrededor. En mi caso, me lanzo de cabeza no al que hay a mi alrededor sino al que hay en mi interior.

Me levanto.

Estallo.

Caos.

Y ojalá hubiese la posibilidad de volver a la cama. Pero si es que si lo hiciese, el caos seguiría ahí, esparcido por todas partes, manchando el suelo, las paredes, la mesa, la silla, el corazón.

No hay otra opción que levantarse y, bueno, juntar los pedazos.

Imagen: Markus Spiske en Unsplash

Categorías: Apuntes

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