Acerca de escribir gratis y las milongas del Huffington Post

Acerca de escribir gratis y las milongas del Huffington Post


Deambulando por mis feeds, me encuentro esta entrada de Chuck Wendig. Es un rant en toda regla contra el Huffington Post a raíz de unas declaraciones del editor de este sitio web en Reino Unido.

Wendig se despacha a gusto. De entre las cosas que dice, destaco:

The lie is this: writing is not work, it is not fundamental, it is a freedom in which you would partake anyway, and here some chucklefuck would say, haw haw haw, you blog at your blog and nobody pays you, you post updates on Twitter and nobody pays you, you speak words into the mighty air and you do it for free, free, free. And Huffington Post floats overhead in their bloated dirigible and they yell down at you, WE BROADCAST TO MILLIONS and DON’T YOU WANT TO REACH MILLIONS WITH YOUR MEAGER VOICE and THIS IS AN OPPORTUNITY FOR YOU.

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Y otra:

Money in journalism will come from somewhere. Better that it comes from one’s own employer than from all angles. We can pretend that money is somehow a corrosive influence, that it corrupts the journalistic process — oh, wait, but Huffington Post is valued at tens of millions of dollars? Hull even says that they’re profitable. Well, of course they are. It’s easy to be profitable when you don’t pay the people.

La indignación hacia esta práctica del Huffington Post es algo que se reaviva cada cierto tiempo. Por ejemplo, recuerdo que, cuando fue lanzada su edición española, se desataron acalorados debates de los que salieron algunas reflexiones lúcidas, como las de Antonio Ortíz o José Alcántara que vale la pena recuperar para darle vueltas al tema.

En su momento le estuve dando vueltas y ahora me apetece comentar mi opinión aprovechando que me he encontrado el post de Wendig. Y es que lo de escribir (dibujar/componer/loquesea) gratis para un tercero es algo que despierta siempre bastantes ampollas.

Para mí, todo es cuestión de lo que recibes a cambio de lo que te piden. Y, sobre todo, de si en lugar de pedírtelo, te lo exigen.

¿Trabajar gratis? Pues depende…

Recuerdo que cuando apareció esta polémica (en español) por primera vez, lo primero que me pregunté fue cómo era el método de trabajo. Vale: te ofrecen (o te aceptan para) escribir allí. ¿Cómo es el tema? ¿Cada cuánto hay que publicar? ¿Hay que ceñirse a una temática concreta? ¿Hay límites de máximos y mínimos en cuanto a palabras? ¿Hasta cuándo duraría la colaboración? Si un medio con un alcance como el del Huffington Post me ofreciese escribir en él (algo a medio camino entre improbable e imposible), eso sería lo primero que preguntaría. En base a su respuesta, aceptaría o no.

Si fuese una colaboración con un mínimo de posts aceptable (digamos uno o dos a la semana) me lo pensaría muy a fondo y probablemente aceptaría. Al fin y al cabo, si no te pagan, siempre puedes cortar por lo sano y dejarlo si ves que la cosa no funciona, ¿no?

¿Y cómo se sabe si funciona o no? Ahí es cuestión de cada uno. Si eres un periodista freelance, por ejemplo, sabrás si funciona ese acuerdo de «letras por visibilidad» si empiezas a obtener más encargos de lo habitual. O si eres un escritor independiente, si aumentan las ventas de tus libros. O si eres un blogger con su proyecto propio, si aumentas las visitas a tu blog. En el caso del Huffington Post, imagino que será algo que se sabría con rapidez. Con otros medios con propuestas similares, todo dependerá del alcance real que tengan.

El tema de trabajar gratis es complejo porque es tremendamente subjetivo. Como lo será que Gabriella Campbell escribió un extenso artículo sobre el tema diseccionándolo a profundidad y cuya lectura no puedo dejar de recomendar encarecidamente.

¿Deberías trabajar gratis? 10 preguntas para resolver tu duda

En resumen, que mi posición en este tema es que es cuestión de equilibro entre costo y beneficio. A veces será oportuno hacerlo, otras no. A veces las condiciones serán aceptables y otras no. Desconozco las de este medio digital concreto como para expresarme a favor o en contra de él, aunque en principio, ganando (al menos el de EE. UU.) dinero a espuertas como parece que hace, y si tienen que tener a gente cubriendo la actualidad de manera continua, que menos que paguen por ello.

… pero no me vengas con milongas

Lo peor de este modelo del Huffington Post es que invita a pensar a más de uno (y de dos, y de tres) que puede replicarlo de manera exitosa. De ahí salen esas ofertas de escribir/dibujar/etc. a cambio de visibilidad en un medio que ni siquiera tiene presupuesto para una campaña orgánica en Facebook (guiño, guiño): gastando pólvora que no es mía (es que ya ni del rey), yo también puedo crear medios a ver si con alguno suena la flauta.

El ejemplo de Huffington Post es nefasto. Y ahí quiero volver al post de Wendig. Porque su indignación creo que se ha desatado más que por el modelo en sí mismo, por las justificaciones que dan para aplicarlo. Esas justificaciones salen de vez en cuando por ahí y se diría que forman parte de un argumentario de la empresa. Y siempre tienden a denigrar de alguna manera el acto de escribir, o mejor dicho el acto de cobrar por escribir, como en este caso:

So when somebody writes something for us, we know it’s real. We know they want to write it. It’s not been forced or paid for.

Lo pernicioso es el discurso que viene del Huffington Post para justificarse de cara a la galería. Ese discurso es dañino porque cala entre personas incapaces de escribir más de tres letras seguidas con cierto sentido y que no entienden que es el hecho de que ellos no puedan pero otros sí lo que les da valor a estos últimos. Un valor que viene acompañado de un precio, por supuesto.

Los del Huffington Post estarían más bonitos cerrando la boca. Si les preguntan sobre el tema, que respondan con evasivas, que no contesten directamente o que no reciban entrevistas. Si no les gusta que critiquen su modelo, que mejor que dejar de aplicarlo o, por lo menos, que agachen la cabeza y encajen los golpes. Además, seguro que pueden pagarse una compañía que se encargue de solucionar crisis de este tipo.

Lo que sea menos intentar vender milongas que algunos sí están dispuestos a comprar para hacerlas suyas.

IMAGEN: Tran Mau Tri Tam en Unsplash

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