30 años del Mundodisco y yo con estos pelos

Pues lo dicho en el título. Y es que, aunque el pasado sábado se cumplieron cincuenta años del Doctor Who y no dije nada (con lo relativamente ruidoso —los hay peores— que suelo ser al respecto en redes sociales), no podía dejar de pasarme por aquí para decir algo al respecto del maestro Sir Terry Pratchett. Y es que en mi oscilante lista (como suelen serlo todas) de autores favoritos, él siempre se encuentra entre los primeros puestos. Vale. Casi siempre está el primero.

Lo que quiero decir en realidad ya lo he dicho en algunas redes, pero quiero ponerlo aquí, que es donde debe de estar. Y es que en un sitio que he descubierto vía Menéame, han publicado un artículo con treinta motivos para leer el Mundodisco. De ahí, a pesar de que recomiendo leerlo al completo, entresaco las siguientes razones para leerlo. No tanto porque las digan otros autores, sino porque comulgo con ellas al 100%.

Porque lo dice Patrick Rothfuss: «Siempre que paso momentos duros, leo una novela de Terry Pratchett. Me ayuda a recordar que el mundo es buen lugar para vivir, y que la gente es buena a grandes rasgos. Y que Pratchett me lo recuerde en cada libro demuestra lo buen escritor que es. Mejor de lo que yo seré nunca».

Y aquí añado yo: de verdad que si después de leer un libro de Pratchett, no recuperas la esperanza (en lo que sea), estás perdido

Porque lo dice Brandon Sanderson: «El Mundodisco es trama, humor y filosofía, todo combinado. Nada más me ha hecho reír tanto mientras me obligaba a pensar tanto, a la vez que leía un relato maravilloso. Lo más cercano que hay a Pratchett es Shakespeare. Sí, de verdad».

De verdad de la buena.

Porque lo dice A. S. Byatt: «Pratchett es un maestro de la narrativa. Domina los chistes complejos, los buenos chistes malos, los buenos chistes horribles y una especie de sabiduría traicionera sobre la naturaleza humana. Siempre leo sus libros al galope, y luego los releo cuando estoy enferma o agotada.»

Un libro de Pratchett es medicina. Lo he comprobado.

Porque lo dice Cory Doctorow: «Pratchett sigue siendo uno de mis escritores favoritos del mundo, un hombre que está claro que se divierte tanto escribiendo que seguro que está violando una ley de algún sitio».

Seguro que sí. Y esperemos que nunca le atrapen.

Y para terminar, uno de los motivos que es planteado por el autor del artículo y que todo el que haya leído a Pratchett en un transporte público sabrá a qué se refiere:

Porque todo el mundo debería experimentar la sensación de que lo observe un vagón de tren lleno de gente por estar riendo a carcajadas mientras lee.

Y al respecto, quiero cerrar precisamente con uno de esos párrafos que te pillan por sorpresa y que hace que se te desencaje la mandíbula. Tal vez no tanto por el chiste en sí mismo, sino por eso, porque parece estar ahí, acechando para caer sobre ti cuando menos te lo esperas. Lo tengo grabado a fuego: volvía del trabajo en un autobús. Debían de ser las tres de la tarde o así. Estaba sentado, leyendo. Alguna sonrisa que otra. Concentración máxima. Inmersión completa en el Mundodisco y en el drama de la trama (si se me permite la rima). Y de pronto…

Tata Ogg miró debajo de su cama por si acaso había un hombre allí. Siempre puedes tener un golpe de suerte inesperado, ¿no?

No digo más.

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